martes, 31 de diciembre de 2013

Crónicas de Luna Roja Mujeres en Círculo: un camino de búsqueda y sororidad

por "las chicas de Luna Roja"

Luna Roja comenzó, sin darnos cuenta, como un grupo de amigas/conocidas con intereses comunes que se encontraban informalmente para compartir experiencias, libros, películas y saberes en general. El hecho de juntarnos tomó un carácter ritual: nos sentábamos formando un pequeño círculo, compartíamos una rica comida, con música suave de fondo, charlábamos sobre nuestras vidas poniéndonos al día. A veces la situación ameritaba prender un sahumerio o una vela para ver cómo el espacio era modificado por nosotras a través de un aroma, o la luz, y así sentíamos que compartíamos algo trascendente. Convenimos entonces (siguiendo con las características “rituales”), que el momento de encuentro para ese acontecimiento tan importante e íntimo donde conversábamos sobre nuestros cuerpos, nuestra sexualidad, la menstruación, etc.; fuera durante las noches de Luna Llena y Luna Nueva: Estar en un círculo propiciaba la palabra, nos permitía mirarnos a los ojos y fluir entre todas.
Así, después de un tiempo, habíamos consolidado una red de información pequeña, que circulaba entre nosotras y donde estábamos “como en órbita”. A través de ella, empezamos a cuestionar(nos) y a comparar, desde detalles de la vida cotidiana hasta concepciones que se desprenden de la sociedad actual. Nuestras pequeñas reuniones fueron el punto de partida para dilucidar cómo y por qué el rol social de la mujer ha sido acotado a ciertos aspectos, truncando su desarrollo intelectual, emocional, físico, social y cultural; es decir, estábamos replanteándonos nuestro lugar en el mundo y pensando en cómo transformarlo desde nosotras mismas. Llegamos a pensar que sería lindo invitar a otras mujeres que tal vez pensaran/sintieran que lo que estábamos haciendo era algo lindo, que tenía un sentido. De esta manera, el círculo “se abrió” y otras mujeres se sumaron por un tiempo, otras nos visitaron sólo una vez. Compartir cosmovisiones diferentes del mundo y que no circulaban con frecuencia en los medios de comunicación, nos hizo ver que existía un universo distinto, que era necesario que fuese conocido por nosotras y otras, ya que interpelaban a todo el colectivo y nos proponían un cambio profundo de actitud hacia la vida. 

El eje de la información como herramienta para el empoderamiento de nosotras mismas nos parecía fundamental, por ello pensamos que había llegado el momento de poner manos a la obra y llevar esa información a todas las mujeres: era un proyecto ambicioso, pero un sentimiento de sororidad nos invadió y nos hizo pensar que sería interesante ir por más en este sentido. Luego de una de nuestras reuniones de Luna Llena acordamos crear el blog, donde compartiesemos diferentes fragmentos de libros que nos habían influenciado de alguna forma, y otros tipos de fuentes (videos, imágenes, etc.) que nos ayudaban a comunicar lo que nos interesaba. Cuando tuvimos que darle un nombre al espacio virtual, elegimos “Remolino menstrual”, así como también titularlo “Luna Roja” porque se vinculaba con nuestras experiencias y con ciertos conocimientos que habíamos adquirido por medio del libro Luna Roja de Miranda Gray. Siempre teniendo claro que una mujer no sólo es una menstruante - si no que se autodefine más allá de las experiencias biológicas y culturales que la atraviesan-, Luna Roja fue adquiriendo un perfil que englobaba muchos otros campos, es decir, los que recorríamos vivencialmente en cuanto a mujeres y a nuestro replanteamiento de los roles de género establecidos. 
Siendo conscientes del auge de las comunicaciones virtuales y de la herramienta positiva que pueden llegar a  ser para contactarnos con más mujeres -por ejemplo, las redes sociales-, incursionamos en una especie de “activismo virtual” primario pero muy útil. Llegado este punto, decidimos crear un usuario en Facebook, no sólo para difundir Luna Roja sino para estar al tanto de otros círculos de mujeres que se iban conformando alrededor del mundo. Queríamos seguir los debates que giraban en torno, entre otros temas, al ecofeminismo, la menstruación consciente, el parto respetado, los derechos de las mujeres, etc. y participar de ellos. El usuario en Facebook supuso un nuevo desafío para nosotras, y a la vez un descubrimiento: en Argentina los temas en torno a los ciclos femeninos, la menstruación, etc. siguen siendo tabú. Por lo tanto, dimos cuenta del vacío de información existente, así como de la mitificación y estigmatización de los mismos, y la necesidad de cambiar el panorama. También nos maravilló encontrar tanto compromiso y apoyo de hermanas alrededor del mundo, que compartían información con nosotras, y este rasgo tan solidario nos parece importante mencionarlo ya que está presente en toda esta gran búsqueda.
Por supuesto que no bastaba con todo aquello de la difusión virtual, y el accionar requería de otros métodos. Notamos cómo las pequeñas tareas que emprendíamos -desde organizar el espacio donde serían las reuniones, la escritura de los distintos posteos que subiríamos al blog, etc.-  requerían de un marco mayor y un tiempo para cada una. También pensamos que podíamos proponernos realizar actividades puntuales, que serían dirigidas a otras mujeres con quienes compartiríamos un espacio y a partir del cual se propiciarían charlas y la ayuda mutua. Nuestras reuniones intentaron darle forma a un trabajo de campo que se estaba abriendo, formando redes con otros grupos de mujeres, para expandir nuestros horizontes y compartir las dimensiones que íbamos descubriendo. Uno de los proyectos de actividad concreta fue el comenzar a elaborar nuestros propios textos para el blog, de lo que surgieron crónicas hechas por nosotras de eventos a los que habíamos asistido y que recorrían temáticas de nuestro interés, reflexiones de todo tipo, entrevistas, etc. Concretamos entonces otro de nuestros objetivos que era generar conocimiento a partir del blog con un estilo propio.

Luego de interpelar a nuestro entorno, creímos necesario llevar a cabo la transformación del mismo, es decir, poner en práctica todo lo que habíamos leído. Gracias a Jean Shinoda Bolen sabíamos que los círculos eran un espacio eficaz para plantear actividades donde se propiciase la palabra, donde no hubiera jerarquías, donde las mujeres comenzaran a conocer y conocerse. Le dimos forma entonces a la idea de los Círculos de Lectura para Mujeres, que actualmente llevamos a cabo en San Vicente, provincia de Buenos Aires. El proyecto sigue en pie, y debido a lo que se ha generado hemos buscado otros. La confección de la Manta Yoni, actividad que estamos llevando a cabo, tiene que ver con la  representación de las propias vulvas, y es gracias a Raquel y Elena de Jardín en la Luna, que nos permitieron realizarla en Argentina, que lo estamos haciendo posible. Este proyecto tan ambicioso une a mujeres de todo el país, Latinoamérica y el mundo, y vuelve a darnos el pie para pensar y accionar en torno a la concepción que tenemos respecto a nuestros cuerpos; como mujeres y también como sociedad. Casi como una cadena que va uniendo todas las acciones, proyectamos la realización de talleres con el eje puesto en la menstruación consciente y la ginecología natural: vimos la importancia de poner sobre la mesa estos temas a raíz del documental “La Luna en Ti”, y buscar realizar un emprendimiento autogestivo como es realizar nuestras propias toallitas higiénicas de tela. Luego también, los recorridos vivenciales de otras integrantes del grupo nos llevaron a formar parte del debate en torno al parto respetado y su difusión, por lo que estamos convocando actividades también en ese sentido. La idea es investigar todas las experiencias que recorremos en tanto mujeres y analizar de qué forma podemos hacer nuestros propios esquemas, revirtiendo el orden patriarcal.
Llegamos al final de este año con muchas gratas sorpresas por parte de compañeras que fuimos encontrando en el camino,quienes nos ayudaron desde donde pudieron  y confirmaron esa certeza que tenemos y es que la lucha es una experiencia motivadora si se vive con otras. En este sentido, agradecemos a todas esas mujeres que transitaron este 2013 junto a nosotras: leyendo los artículos, proponiendo temas, compartiendo la información, comentando o estando en contacto con mensajes de apoyo y afecto, profesionales o no que nos brindaron entrevistas, artistas, etc. Los círculos se siguen formando, los proyectos creciendo y creándose nuevos y las expectativas y metas para lo que queda por hacer nos seguirán impulsando hacia adelante: abriendo caminos, tejiendo redes. 

martes, 24 de diciembre de 2013

Doña Emma

Doña Emma fue la abuela de Rubén Blades, la persona que lo marcó fundamentalmente. La personalidad compleja de esta mujer que reivindicaba la educación de la mujer y su autonomía, se correspondía también con una rica concepción del mundo: practicaba yoga y el vegetarianismo en los años ’30.

por Julia Ruppel


"Mi abuela Emma era del carajo.
Siempre me decía que la peor pobreza era la espiritual, la de aquellos que vivían en un gueto emocional.
Era maestra, escritora, pintaba, defendió los derechos de la mujer, fue rosacruz, espiritista, vegetariana en la década de los treinta.
Pasó mucho tiempo conmigo y me enseñó a leer.
Mi abuela me inculcó el sentido de la justicia donde todos podemos formar parte de la solución, desde esa perspectiva he desarrollado mi vida y es la base que me ayuda a seguir adelante
Tuvo cuatro hijos, dos mujeres y dos hombres, y como no tenía dinero para mandarlos a todos a la escuela, porque se divorció de los dos hombres y no quería aceptar plata de ellos, mandó a la escuela a las dos mujeres y a los hombres les enseñó en la casa.
Las mandó a ellas porque decía que el mundo era de los hombres, y que las mujeres tenían que prepararse mejor".
Rubén Blades

El otro día escuché en la radio un tema de Rubén Blades. Como no sabía de cuál de todos sus  discos era, googlé el nombre de esta multifacética personalidad y de paso leí su biografía en Wikipedia. Una tremenda sorpresa me llevé al enterarme de quien fue su abuela paterna, Emma Blades Bosques, << espiritualista, rosacruz, pintora, poeta y feminista; ella le enseñó a leer y a estar en contacto con diversas formas de pensamiento >>.[1] Su nombre completo era Emma Andrea Bosquez Aizpuru,  hija de Tomás Bosquez y Adela Aizpuru, quien era nieta de Rafael Aizpuru, un militar neogranadino quién ocupara en diversas ocasiones la presidencia del Estado Federal de Panamá, siendo un caracterizado opositor del centralismo colombiano.[2]  Esta maravillosa mujer ejerció una fuerte influencia en la vida de Rubén, quien luego le dedicaría siempre hermosas palabras y hasta bellas canciones. En palabras del artista: << Mi abuela Emma me inculcó el sentido de la justicia donde todos podemos formar parte de la solución, desde esa perspectiva he desarrollado mi vida y es la base que me ayuda a seguir adelante >>.[3]
Desde que Rubén era pequeño, Emma se encargó de que aprendiera a leer y a escribir, por lo que a los cuatro años él ya sabía hacer ambas cosas. Si bien no existen demasiados datos sobre esta polifacética mujer, gracias a Paula C –ex pareja de Rubén-, podemos tomar una frase que seguiría apuntando a lo adelantada que fue Emma para su época y la influencia que tuvo en la vida de su nieto: "Ella le enseñó a leer y a escribir. Lo enseñó a pensar por sí mismo, a hacer lo correcto y a no preocuparse por convenciones". 
Divorciada dos veces y con cuatro hijos, dos mujeres y dos hombres, decidió que no iba a aceptar dinero de sus ex maridos, por lo que envió a la escuela a las mujeres y a los hombres les enseñó en su casa, ya que consideraba que la necesitarían a lo largo de su vida más que sus hijos varones.[4] Para ella  << El mundo estaba hecho por los hombres para los hombres >>. La falta de dinero no iba a ser un problema que denostara su independencia. Decidió  encargarse sola de la educación de sus hijos, la cual consideraba fundamental, sobre todo la que fomentara el libre pensamiento.
Si tenemos en cuenta los datos, la abuela de Rubén tenía 25 años cuando corría el año 1910, por lo que realmente su perfil de libre pensadora se demuestra con esta filosofía de vida que profesaba. En los años 30, Emma gozaba de una compleja visión del mundo: practicaba el vegetarianismo y el yoga en su casa. Según su nieto, ella era rosacruz. Todo ese entramado de pensamientos, creencias y formas de encarar la vida que habitaban en Emma fueron transmitidas a Rubén Blades, quien pasaba gran parte del tiempo con ella debido a que sus padres Rubén Darío y Anoland tenían que trabajar. 
En el año 1948 cuando Rubén nació, Emma tenía 63 años. Como describe Sandra La Fuente: "Entre las primeras imágenes de su memoria está un niño de cinco o seis años, de caminata con su abuela por el casco viejo de ciudad de Panamá, recorriendo los teatros: Variedades y El Dorado, la Plaza Amador, Las Bóvedas, el mar de frente". [5] Para su nieto, fue la gran educadora, le dio un marco de amor, intelectualidad y profundidad filosófica y artística a su vida. Le allanó el camino para que pudiera involucrarse con la música e incluso le comunicó la importancia del cine. Nunca Emma dio el mensaje a Rubén de que el dinero lo era todo, sino que por el contrario lo animó a enriquecer su mente y su espíritu: "Aunque nací en una pensión, siempre recuerdo a mi abuela cuando decía que la peor pobreza es la del espíritu y la mente. Que el hecho de estar limitado económicamente no era sinónimo de vivir como un animal o sentirte menos. Con ella aprendí que la educación es un proceso que nunca termina".

Rubén ha escrito para su abuela canciones, y le ha dedicado hermosas frases. Fue muy lindo encontrarme esta tarde de sábado con la información de que Doña Emma existió, que vivió de la forma que lo hizo y que es tan admirada por su nieto por el papel que desempeñó en su vida y en la de ella propia como mujer.
Existieron mujeres cuyas formas de vivir fueron silenciadas, pero que se abrieron paso en esta sociedad de valores paternalistas. Doña Emma fue una de ellas.




sábado, 21 de diciembre de 2013

Sobre el desconocimiento del cuerpo en las mujeres*

« En este mismo momento, en el lugar donde se encuentra, hay una casa que lleva su nombre. Usted ha sido siempre el único propietario, pero hace ya mucho tiempo que perdió las llaves. Así que se queda fuera, no conoce de ella más que la fachada. Usted no vive en ella. Esta casa, refugio de sus recuerdos más esquivos, más reprimidos, es su cuerpo »
Thérèse Bertherat, El cuerpo tiene sus razones.


*Extraído del libro El cuerpo tiene sus razones. Autocura y antigimnasia de Bertherat, T**. y Bernstein, C.

¿Y las mujeres? ¿Y ese problema, confesa o inconfesado, crónico u ocasional, presumido o aceptado, individual o universal, ese << falso problema >> en el que tantas mujeres expresan su verdad profunda: la frigidez?
Algunos médicos, ginecólogos o psicoanalistas me han enviado a mujeres oficialmente etiquetadas como “frígidas”. Porque << la gimnasia no les hará daño y, por otra parte, eso las distraerá, las ocupará, les hará gastar energía >>. (¿No comprenderán nunca que la gimnasia es precisamente lo que yo no hago?)
Mujeres que sin duda alguna son lo que nos empeñamos en denominar frígidas, aunque no se quejen de ello abiertamente (o por lo menos, no a mí), las veo diariamente en mis grupos, en la calle, en las reuniones, por todas partes.
Pero ¿qué son todas esas mujeres? ¿Qué es esa célebre frigidez? La frigidez, en una palabra, es la rigidez. Esas mujeres no son frígidas: son rígidas.
No, no hay ninguna brusquedad en mi actitud. No, no carezco de compasión, de comprensión. No, no me esfuerzo por mostrarme simplista. No, no soy desleal. Soy feminista y preconizo la movilización de las mujeres. Pero no sólo en células militantes. Preconizo la movilización  – la puesta en movimiento - de los cuerpos de todas las mujeres, porque sólo en el interior de su cuerpo, de su cuerpo móvil, viviente, podrán encontrar la fuerza, la posibilidad de ser felices.
Una mujer que hoy proclama: << Mi cuerpo me pertenece >>, se hace ilusiones en la mayoría de los casos. No porque su cuerpo haya dejado de pertenecerle a él – al macho opresor – le pertenece a ella forzosamente. Decir << mi cuerpo me pertenece >> supone que, a través de la toma de conciencia de ese cuerpo, la mujer haya tomado posesión de él. Para que su cuerpo le pertenezca, tiene que conocer sus deseos y sus posibilidades y atreverse a vivirlos. Únicamente cuando una mujer se vive a sí misma (igual que un hombre, por lo demás) se niega a ser << vivida >>. Sólo cuando uno se conoce profundamente se niega a ser << vivido >> y trata al fin de conocer al otro.
Cuando una mujer de hoy se cree frígida, abandona a veces al compañero al que juzga como causa de su insatisfacción y reclama lo que se complace en llamar la << libertad sexual >>. Entonces busca, o bien a otros hombres más sensibles o más imaginativos, o bien a otras mujeres, creyendo que, a través de ellos, logrará descubrir su cuerpo, el verdadero.
A veces, ese cambio resulta eficaz. En efecto, era el otro el que le impedía revelarse a sí misma. Pero eso ocurre raramente. Lo normal es que se encuentre, antes o después, frente al mismo problema. Sigue sin vivir su vida porque sigue sin vivir su cuerpo. No ha elegido a sus nuevas parejas con toda libertad y en función de sus verdaderos gustos. No sabe lo que le gusta; lo único cierto es que no le gusta su cuerpo. Insatisfecha y sin saber a qué satisfacer, se cree << estrujada >>, pero no se da cuenta de que ella es su propio verdugo.
¿Cómo procedo cuando un ginecólogo me envía a una mujer que se queja de frigidez aunque él no encuentra ninguna razón fisiológica, ni vaginitis ni obstrucción de ningún género?
La inscribo en un grupo para que no se sienta aislada dentro de un problema obsesivo, vergonzoso, y para que descubra en el movimiento cómo vive o, mejor dicho, cómo no vive en su cuerpo.
Una vez echada de espaldas en el suelo, una de las primeras cosas que observo en una mujer catalogada como frígida es que el movimiento de sus costillas resulta casi invisible. No respira. El diafragma permanece rígido, inmóvil, agarrotado en la espalda y fijado por delante. Se diría que hace años que apenas se sirve de él. No se ofrece el oxígeno necesario para producir la energía suficiente. Su escasa energía mínima circula tan mal a través de su cuerpo que se le oye decir con frecuencia que carece de energía o, en todo caso, que no alcanza la dosis normal. Como si la energía viniese del exterior y ella no recibiese bastante. Pero la energía se produce, y el oxígeno, elemento necesario para su producción, no se recibe. Se toma. Como el placer.
Aún recuerdo la respuesta de la señora Ehrenfried a una chica que se quejaba de frigidez y preguntaba si no se podría hacer algo al respecto. La señora Ehrenfried levantó irónicamente una ceja y, tras una larga respiración, le dijo:
-          Res-pi-re
Según Reich, << la espiración profunda provoca espontáneamente la actitud de abandono (sexual) >>[1] . Por lo demás, cualquiera puede demostrárselo a sí mismo en cualquier momento. Basta con espirar plenamente, largamente, y la región pelviana comenzará a desplazarse hacia adelante… Siempre que uno admita que tiene una región pelviana y que dicha región es móvil.
Pero volvamos al grupo y a nuestra mujer frígida echada boca arriba. Digo a todo el mundo que doble las rodillas y coloque los pies apoyados en el suelo. Luego, que levanten la pelvis hacia adelante, hacia el techo. En la mujer frígida, se produce una confusión total. Como M., el muchacho sin mirada, concentra su fuerza, se apoya en los pies y levanta el cuerpo entero, desde los omóplatos. Si es muy ambiciosa, lo iza desde los hombros, desde la cabeza. ¿Y la pelvis? Ahí está, suspendida, rígida, en algún lugar de esa larga plancha a la que ella llama su cuerpo.
Empezamos de nuevo. Otra vez boca arriba, con las rodillas todavía dobladas, los pies todavía apoyados en el suelo. Pido que no se apresuren, que busquen – palpando si es necesario – la pelvis. ¿Dónde comienza? ¿Dónde termina? ¿Por dónde se une, mediante los músculos y los huesos, el conjunto del cuerpo? ¿Cómo se articula? Observo que se patalea un poco, que aparecen expresiones de perplejidad, que se hacen grandes esfuerzos de concentración. Digo entonces que empujen la pelvis hacia adelante, solamente la pelvis.
La mujer frígida no se mueve. Su pelvis no se adelanta independientemente de los muslos o del abdomen. Y no sólo no adelanta. Retrocede… La espalda está incurvada; la pelvis, retraída, se niega a moverse hacia adelante y hacia arriba. Tal es la actitud natural del orgasmo, esa curva continua hacia adelante, ese movimiento ondulatorio que hace aproximarse cabeza y pubis. Ella no puede hacerlo, no sabe que puede hacerlo, se lo niega a sí misma. Su pelvis no trata de ser llenada. Al contrario. Nada de extraño, pues, en que se diga << vacía >>. Nada de extraño en que no se sienta colmada.
Mover la pelvis de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, sí que sabe. La mueve al caminar y, a veces, de manera muy exagerada, como en el cine. Sabe que menear las nalgas hace muy femenino, sensual, y que el talle quebrado, las nalgas salientes atraen las miradas. Le gusta recibir las miradas. Recibir, eso es lo único que espera. Pero ser exclusivamente un receptáculo no es una vida, en todo caso no una vida de mujer. Y cuando se da cuenta de que no vive una verdadera vida de mujer, se dice << frígida >>. Pero yo digo que está rígida, envarada, retraída, lejana, rechazante y, en cierto sentido, reaccionaria. Yo digo que poder articular el falso término << frígida >> no le sirve para nada si no sabe que su pelvis está articulada, que su pelvis, albergue de órganos sexuales variados y potentes, es capaz de avanzar al encuentro del placer, que tiene que conquistar.
Conquistar el placer. Al fin un término justo. El placer se conquista. Como el poder, el verdadero. No el que se arrebata al otro y que le priva el suyo, no el que tienen a bien concederos si tenéis a bien recibirlo. Para conquistar el placer, para conquistar el poder, es decir, para asumir y ejercer el propio poder, el poder sobre la vida y sobre la propia vida, el primer paso consiste en tomar conciencia de su cuerpo.
Ahora bien, ¿no es incongruente hablar del poder del cuerpo femenino? ¿De su potencia? ¿Acaso la potencia no pertenece exclusivamente a los hombres ya que, cuando un hombre se ve privado de ella, se le califica de << impotente >>? Jamás se dice que una mujer es << impotente >>. Cuando la carga energética, el movimiento espontáneo, la fuerza vital, la capacidad del orgasmo, de una mujer están inhibidos, se llama << frígida >>. Como si una mujer sin trabas no fuese más que << caliente >>, mejor que potente. ¿Por qué ese criterio de temperatura en relación con las mujeres en lugar de un criterio de acción? ¿Y por qué las mujeres de hoy, que rechazan tantos términos << falocráticos >>, aceptan que se continúe llamándolas << frígidas >>? ¿Cómo hacerles comprender que ese poder femenino que reclaman, que esperan que el mundo masculino les conceda, se encuentra de hecho en potencia en el cuerpo de cada mujer… y que a la mujer le toca descubrirlo y atreverse a ejercerlo?
Pero volvamos una vez más a los grupos y a los esfuerzos por ayudar a la mujer rígida, a la mujer impotente, a tomar conciencia de su cuerpo, de su sexualidad.
Trabajamos, pues, para liberar la pelvis. Es largo, con frecuencia muy largo y, en ocasiones, no se consigue en absoluto. Pero cuando la mujer rígida empieza a encontrar, a sentir las articulaciones que se desconocía, cuando empieza a lograr moverse aunque no sea más que un poquitín, se siente de pronto angustiada. Con la garganta reseca, las palmas húmedas, la invaden los sudores fríos del pánico. Libre al fin de sus antiguas defensas, ya no se reconoce, no sabe en qué cuerpo habita. A veces, el miedo y el rechazo espontáneo (y momentáneo) de su nuevo estado se traducen en una expresión verbal: << Si de lo que se trata es de aprender la danza del vientre, yo no, muchas gracias… >>. O bien: << Una vez asistí a un espectáculo de striptease. ¡Qué vulgaridad…! >>.
Estas reacciones me recuerda la historia de los comienzos de Elvis Presley, llamado en aquella época << Elvis the Pelvis >>. Él fue el primero, el primer blanco al menos, en cantar mientras, detrás de su guitarra, su región pelviana relajada (algunos preferían decir desencadenada) bailaba el rock and roll (balanceo y contoneo). Una alumna americana me contó que el debut de Elvis Presley en la televisión de Estados Unidos había desencadenado un drama. La cámara que fotografiaba al joven Elvis, primero de cuerpo entero en un plano general y luego en un primer plano sobre el centro del cuerpo (con la intención de mostrar sus manos sobre la guitarra), había dirigido enseguida la cámara sobre su rostro, donde continuó en plano fijo hasta el final del número. Al día siguiente, polémicas en todos los periódicos. A favor o en contra de la <> a las horas de gran escucha, a favor o en contra de la << censura >> ejercida por la cámara…
De cuando en cuando, la mujer hasta ahora rígida no trata de defenderse. No se indigna, no se censura. Simplemente deja que la descubran. En medio del grupo, permanece sola, asombrada, feliz, en el silencio particular de quienes, al fin, se encuentran a la escucha de su cuerpo.
Pero la sexualidad no se descubre o se << trata >> tan sólo en los órganos genitales, ya que no es únicamente en los órganos sexuales donde se sitúa. El cuerpo constituye una vasta red sexual. Creer que la sexualidad se limita al sexo supone tener de su cuerpo una visión fragmentaria particularmente dañina.
Desde hace algún tiempo, trabajo con mis grupos la cabeza, sus orificios. Pido, por ejemplo, a mis alumnos que cierren la boca y respiren únicamente por la nariz. Así lo hacen. Amablemente, educadamente, metódicamente. Hasta que se hartan. Se aburren. Comienzan a mirarme como diciendo: << ¿Y ahora, qué? >>. Entonces les pregunto si sienten algo. No, no sienten nada; no hay nada que sentir. ¿Y el aire? ¿Cómo? El aire. En las ventanas de la nariz. El aire que entra en las ventanas de la nariz. ¿Dónde lo sienten? ¿En la punta de la nariz?  ¿Cerca de los ojos? Hacen muecas, aspiran, dejan paso a dos chorritos de aire, cantando por las narices como si tocasen un instrumento, como hacían sin duda cuando eran pequeños.  Algunos se tapan una ventana o se meten un dedo dentro. Así descubren que tienen dos agujeros en la nariz y que el aire penetra en ellos, y que pueden sentir cómo entra, y que pueden sentir cómo sale. Algo insignificante, pero que para algunos supone una revelación… Una revelación turbadora. Cruzan las piernas, se ruborizan, tratan de esconder su turbación, adoptan la postura de adolescentes de otra época. Han descubierto que tienen dos agujeros en la nariz y que el aire entra y sale por ellos, y de pronto se sienten de manera distinta, y de pronto miran furtivamente en torno suyo y no saben lo que les pasa.
Aprovecho la ocasión. Les digo que relajen la mandíbula, que dejen la boca abierta. Algunos se resisten al principio: << Vamos a babear >>. Les respondo que babear no tiene nada de grave. Les pido luego que saquen la lengua. Veo salir pequeñas puntas por entre labios aplastados. Les advierto que una lengua es una cosa muy larga, que la dejen colgar en toda su longitud. No, más larga todavía. Bien. Y luego que dirijan la lengua hacia la barbilla, bajo la barbilla. Y luego hacia la nariz. Y luego hacia la mejilla derecha, hacia la mejilla izquierda. Y luego que le hagan trazar el circuito nariz-mejilla-mentón-mejilla en un movimiento continuo.

Son raros los que aceptan inmediatamente. Se sirven de la lengua para quejarse. << Es que me mojo la cara. >> << Me hago daño. >> << Esto es ridículo. >> A pesar de todo, la mayoría acaba por intentarlo. Más o menos. Pero hay algunos, algunas, que se niegan categóricamente. Con la mandíbula envarada, el aire furioso o dolorido, esperan inmóviles, rígidos, clavados, resueltamente acorazados hasta los dientes, a que la sesión termine. Y a veces, no vuelven más.
El cuerpo sabe que es un todo, que un orificio evoca otro, que una sensación en un orificio de la cabeza provoca sensaciones en los orificios genitales, que la toma de conciencia de una parte saliente –nariz, pie, mano, lengua, falo- despierta la conciencia de otra. No obstante, si no se quiere admitir lo que dice el cuerpo, uno dispone de todo su tiempo, de toda su vida para obligarle a callar o para insensibilizarse a sus mensajes.
Continuemos. Digo a mis alumnos que se echen boca arriba y que relajen de nuevo la mandíbula. Entretanto, algunos han comprendido que la mandíbula se parece mucho a la pelvis en sus posibilidades de movimiento, que puede también ser mantenida en retracción, fijada, agarrotada, en una posición de retroceso, de miedo. Esta asociación facilita en unos y dificulta en otros la relajación que solicito, pero, por el momento, digamos que lo consiguen. Entonces les explico que esta vez se trata de sentir la lengua en la boca, de sentir la amplitud de la lengua, el espesor de la lengua en reposo dentro de la boca.
Al principio, no saben qué hacer con la lengua. La pegan al paladar o la retraen hacia las amígdalas. Pero, poco a poco, le dejan vivir su verdadera vida de lengua en reposo, que no tiene otra cosa que hacer que hincharse, extenderse, llenar la boca hasta que no le quede lugar y desborde de ella.
Frecuentemente, se nota entonces que se extiende por la habitación un gran, un espeso silencio. Los ojos se cierran. Los cuerpos cobran peso, se aplastan contra el suelo. Incluido el cuerpo de la mujer impotente, siempre que ella se permita tomar conciencia de su lengua en el interior de la boca. (Por otra parte, si se procede al balanceo de la pelvis en ese momento se da a menudo una menor resistencia.) En cierta ocasión, llevé a cabo la experiencia de la lengua gruesa y ancha dentro de la boca con una mujer embarazada, que me dijo más tarde, sin añadir ninguna explicación:
-          Eso me ayudó mucho durante el parto.
El trabajo sobre la toma de conciencia de los orificios no se detiene, sin embargo, en la cabeza. Recientemente, en un grupo en que por azar no había más que mujeres –una de ellas << oficialmente >> impotente y sometida a psicoanálisis desde hacía varios años-, propuse que trabajásemos los orificios << interiores >>. Tras decidirme a interpretar su silencio como un asentimiento, les dije simplemente:
-          Abran los tres orificios.
Ante la perplejidad general - ¿es que no sabían que tenían tres?- añadí:
-          El ano, la vagina, la uretra. Abran los tres a la vez. Más aún. Ahora ciérrenlos. Apriétenlos. Ábranlos de nuevo, pero lenta, ampliamente. Dense bien cuenta de que dominan sus músculos, oblíguenlos a efectuar movimientos regulares, precisos.
Les aseguré que no se trataba de realizar proezas sobrehumanas  (como la del yogui, que, según se dice, llega a << beber >> por la uretra), sino de tomar conciencia de la potencia muscular normal, de efectuar conscientemente los movimientos que hacían, o no hacían, automáticamente.
Claro está que no me era posible apreciar sus esfuerzos con mis propios ojos, de la misma manera que ellas no podían comprobarlos con los suyos. (Ese desconocimiento del cuerpo tan común en las mujeres ¿no se deberá al hecho de que sólo ven las zonas íntimas de su cuerpo si se deciden a mirarlas, de que no las tocan directamente con la mano salvo si se resuelven a hacerlo y de que, desde su primera infancia, se reprimen sus exploraciones visuales y táctiles?)
De la eficacia de esos movimientos (que un alumno se ha divertido en llamar los << sexercicios >>) he obtenido muchas pruebas. Sin embargo, estoy obligada a decir que ciertos alumnos –fieles, no obstante, desde hace mucho tiempo- no comprenden nada de ellos. Por ejemplo, una mujer joven y vivaracha, siempre a la última moda, se quejaba un día a una amiga en el momento de vestirse:
-          Me gusta venir a las clases. Pero no son eróticas. Nunca se habla de los senos.
¡Como si el erotismo se situase en los senos! ¡Como si el seno del erotismo, que no puede ser más que el cuerpo entero, estuviese centrado exclusivamente en los senos! Sabía muy bien que la moda de aquella temporada era << retro >>, pero ¿había adoptado hasta tal punto las convenciones mamalógicas del cine americano de los años cincuenta? Claro está que los senos << cuentan >>, que ostentan la prioridad en todas las listas de zonas erógenas fichadas. Pero para tomar conciencia del potencial erótico de los senos, no hay apenas necesidad de seguir un curso. Una ligerísima ráfaga de aire fresco, una mano (incluso la propia) que los roza (incluso accidentalmente) son suficientes.
En la sesión siguiente, no pude resistir a la tentación de dirigirles un pequeño discurso. Expliqué que en mis clases se tomaba conciencia del cuerpo a través del movimiento muscular y que, si no se trabajaban directamente los senos, se debía a que se componían de piel, grasa y una glándula. Al pretender << fortificarlos >> o impedirles caer a través de las contracciones y las extensiones clásicas, sólo se consigue desarrollar los pectorales es decir, hinchar los músculos por detrás y por encima de los senos. Resultado: un pecho musculado y unos senos tan fláccidos como al principio.
Se trata, pues, de no preocupare por los senos en sí mismos, sino de verlos en su << medio ambiente >>, considerándolos particularmente en relación con los hombros. Flexibilizar los trapecios, permitir ensancharse los hombros, modifica el emplazamiento de los senos, los levanta y mejora la armonía en las proporciones de la parte superior del cuerpo. En cuanto a la firmeza de la glándula del seno, ninguna acción sobre el seno mismo influye lo más mínimo. Para que unos senos sean firmes, para que la sangre circule por ellos libremente, es preciso que todo el organismo goce de salud.
Comprendí la extrema seriedad del problema de la impotencia sexual –como el de la conciencia fragmentaria del cuerpo- al tratar a una persona que sufría de deformaciones muy graves: la señorita O.
Un rostro redondo, liso, sin sombras. Una mirada ingenua. Yo no sabía en absoluto qué edad echarle cuando me pidió que lo adivinase durante nuestra primera entrevista. Teniendo en cuenta algunos cabellos blancos entre sus largos bucles castaños, su cuerpo más bien fláccido y su ropa de institutriz << a la antigua >>, respondí que sobre la cuarentena. Con los ojos bajos, enrojeciendo de placer, me dijo que tenía cincuenta y nueve años. A mí me parecía más desdichado que halagador el poseer una cara de jovencita a esa edad, pero me callé. Me entregó una nota de su médico y, mientras yo trataba de leerla, se lanzó en el relato de su vida con una voz monótona, como si la hubiese contado muchas veces en situaciones similares. Vivía con mamá, que se encontraba muy bien, a Dios gracias, porque era necesario que alguien se ocupase de la compra y del arreglo de la casa, y ella, a causa de su enfermedad, sólo salía para someterse a tratamiento. Las dos habitaban desde siempre, a Dios gracias, en un apartamento de una planta baja. Ella se parecía como una gota de agua a mamá y nada en absoluto a papá, que se había << ido >> antes de que ella naciese y que no había dejado tras él más que el apartamento y una foto que se diría Rodolfo Valentino. Tiempo atrás, había trabajado en una escuela maternal, no como maestra, << ya se lo puede usted imaginar >>, sino en la administración, en los ficheros. Más tarde, trabajó en La Paternal, << es divertido, ¿verdad? >>, donde se ocupada de las fichas correspondientes a los accidentados del trabajo. Y después, nada;  tenía demasiados dolores. Ya no podía andar; el pie estaba completamente rígido. Por eso hacía diez años que vivía en casa con mamá, que se encontraba muy bien, a Dios gracias.
Sonó el teléfono. Era su médico, que creía que ella no estaba citada hasta el día siguiente. Me confesó su perplejidad ante su caso. ¿Padecía una descalificación, una forma de esclerosis en placas, las consecuencias de un accidente infantil cuya gravedad nadie había advertido o una secuela de la polio? No creía demasiado en esas posibilidades, pero no estaba seguro de nada. La había sometido a todos los tests posibles e imaginables, la había enviado a un sinfín de especialistas, pero nadie había formulado un diagnóstico convincente.
Colgué y pedí a la señorita O. que se levantase y diese algunos pasos. No podía levantar el pie izquierdo. Por lo tanto, apoyaba exclusivamente la punta del pie en el suelo, nunca el talón. El otro pie, vuelto exageradamente hacia el interior, era un montón de callosidades, de pieles muertas, con los dedos deformados, crispados, aplastados los unos contra los otros. Caminaba con ayuda de un bastón y le costaba un gran esfuerzo.
La ayudé a echarse en el suelo y a alzar las piernas en ángulo recto. No me resultó demasiado difícil, aunque las rodillas se volvieron todavía más hacia dentro. Los aductores, << músculos de la virginidad >>, que, partiendo del pubis, descienden por el interior de los muslos, presentaban una asombrosa rigidez y mantenían las piernas estrechamente apretadas.
-          Por las noches, me dan unos calambres horribles en el interior de los muslos. A menudo me despiertan en pleno sueño. Siempre tengo el mismo sueño.
No dije nada, esperando a que continuase.
-          Sueño que caigo.
Bien. Cogí sus pies entre mis manos y le pedí que apretase todavía más las piernas. Dejó escapar un grito de dolor, intentó moverse en todos los sentidos. La parte delantera de los muslos formaba una bola. Le dije que lanzase el talón del pie izquierdo hacia el techo. Indignada, me respondió:
-          Pero ¿se cree que he venido aquí para esto? Usted sabe que me es imposible…
Le propuse hacerlo en su lugar. El pie se resistía. Insistí. Se esbozó un ligero movimiento. Seguí insistiendo y el pie cedió, sostenido exclusivamente por la punta de mis dedos. ¿De manera que el pie se movía? En consecuencia, podía moverlo. Le sugerí entonces que lo hiciese ella sola. Otra vez la indignación. No podía, así que no había más que hablar.
Le apoyé los pies –las piernas seguían en ángulo recto con el suelo- contra el respaldo de una silla y me dediqué a trabajarle la nuca. Se quejaba de tener la boca seca. Le dije que girase la cabeza de derecha a izquierda. Protestas y gritos. Cuando al fin dejé sus piernas, emitía gemidos entrecortados. Violentos temblores espasmódicos agitaban los aductores. Temblando de frío, murmuró:
-          Me está usted destrozando. Usted me mata.
Le eché encima una manta y me senté a su lado. Le expliqué que sus músculos eran capaces de moverse, que podían doblar y desdoblar el pie, pero que ella no les enviaba las órdenes adecuadas.
-          Entonces, la causa se encuentra sin duda en la cabeza –dijo-. ¡Tengo una lesión de cerebro!
Le pregunté si lo creía así verdaderamente. Dos profundas arrugas se marcaron entre sus ojos. Me dirigió una mirada nueva. Con una voz que no reconocí, dijo:
-          No, no tengo ninguna lesión de cerebro. Pero la cosa ocurre en mi cabeza, ¿no es cierto?
Le expliqué que cuerpo y cabeza constituyen un todo fiel e íntegro. Le propuse que viniese regularmente y le sugerí que podría conseguir grandes progresos. Aceptó, añadiendo a continuación:
-          Ya lo verá. Le dejaré hacer cuanto quiera.
Le respondí que, en ese caso, no lograría nada, que era ella quien tenía que realizar el trabajo. Lo comprendió muy bien. No era en absoluto tan torpe como pretendía aparentar. Se llevó una mano a la frente, se la pasó por los párpados, por la mejilla, por la boca. Tras su máscara de muñeca, se escondía una mujer que había esperado durante cincuenta y nueve años para empezar a tener un rostro. Y con respecto a su cuerpo, ¿cuánto tiempo tendría que esperar todavía antes de descubrir que poseía un cuerpo de mujer?
Cundo se marchó, me sentí nerviosa, acorralada, asediada por la tristeza. Françoise Mézières afirma que nunca es tarde para tomar conciencia del cuerpo, para descubrir en sí mismo el coraje, la combatividad, la potencia vital. Pero al pensar en la señorita O., en esa larga muerte que había durado toda su vida, me dije que también que nunca es demasiado pronto para tomarle miedo al cuerpo, un miedo paralizante, suicida.


Miedo al cuerpo…, miedo a las palabras… A veces, ambos son indisociables. Quien no tiene más que una conciencia fragmentaria y fugitiva de su cuerpo, quien únicamente lo conoce desde el exterior, se ve obligado a pegar una etiqueta en el embalaje, y el término que cree justo para describirse coincide precisamente con el que le asusta por encima de todo. << Perverso >>, << homosexual >>, dos de los más temidos por muchos hombres y mujeres, que buscan en ellos su << identidad >>, pero recelan de encontrar su perdición.
Sin embargo, quien ha resucitado las zonas muertas de su cuerpo, quien conoce, o al menos sospecha, la multiplicidad de sus deseos y la riqueza de sus medios de actuación y de reacción, no puede ya aceptar las definiciones del diccionario. Descubre que las definiciones, la nosografía, no se adaptan a la nueva experiencia de su cuerpo. Sólo sirven para mantenerlo en los límites de la definición anterior, para definirlo con respecto a lo que no se ha atrevido a vivir hasta ahora.
En lugar de relatarse su vida a todo  largo de ésta –de pensar y, por lo tanto, de ser únicamente por medio de las palabras-, se toma al fin de tiempo de escuchar los mensajes sutiles y variados de su cuerpo. Descubre que su cuerpo es él, y que va más lejos, que es más rico y profundo que las palabras. Descubre que puede detener ese monólogo continuo que constituye su pensamiento y obtener la prueba de su existencia a través de sus sensaciones. Entonces descubre un nuevo lenguaje, un lenguaje amoroso que le pertenece y cuya sola fuente de referencia es su cuerpo. En la multiplicidad de sus posibilidades, de sus deseos, descubre la multiplicidad de su sexualidad, sus sexualidades. Hetero…, homo…, bi…; es la sexualidad, el hecho de la propia sexualidad, lo que cuenta; el hecho del propio cuerpo en su plenitud.
Convertido en el vehículo de su imaginación, su cuerpo puede al fin metamorfosearse a partir de su realidad y en función de sus deseos y de los deseos de otro. Metamorfosearse no quiere decir renegar de sí mismo, esconderse, sino ser uno mismo en todas sus posibilidades. Quien conoce su cuerpo sólo rechaza lo que es falso para él, lo que no vive en su cuerpo. Libre al fin de las definiciones, de las represiones, de las prohibiciones, practica una verdadera libertad sexual.


**Thérese Bertherat creó en los años '70 la Antigimnasia, resultando así pionera en lo que respecta a terapias psico-corporales. Fisioterapeuta  de formación, Thérèse Berterat ha estudiado numerosas técnicas y terapias corporales como la bioenergética, la eutonía, rolfing, gestalt, acupuntura, las teorías de la medicina tradicional china y el psicoanálisis, desde Freud a Jung, pasando por los trabajos de Wilhem Reich. Es también autora de Con el consentimiento del cuerpo, Las estaciones del cuerpo, La guardia del tigre y Correo del cuerpo

Podés ver más sobre Antigimnasia en: 

http://www.antigymnastique.com/es/


[1] W. Reich, op. cit., pág. 260

lunes, 16 de diciembre de 2013

La posibilidad de una representación

Luna Roja Mujeres en Círculo convoca a las mujeres que deseen representar sus vulvas en retazos de tela para formar La Manta Yoni. La actividad me hizo pensar en las cuestiones de la representación y en el imaginario de ciertos espacios no descubiertos o que nuestra cultura no se anima a mirar.

Por Julia Ruppel



“Al contemplar ese genital extraño e inexplicable me sentía como un alien, lo que es una descripción bastante precisa de las distancia entre las mujeres y sus genitales.”
Mithu M. Sanyal. Vulva. La revelación del sexo invisible

“Yo estaba preocupada. Estaba preocupada por las vaginas. Estaba preocupada por lo que pensamos acerca de las vaginas, y más preocupada porque no pensamos en ellas. Estaba preocupada por mi propia vagina. Necesitaba un contexto, una cultura, una comunidad de otras vaginas. Hay tanta oscuridad y sincretismo a su alrededor. Como el Triángulo de las Bermudas, nadie envía jamás informes desde ahí.”
Eve Ensler*


Hace poco tiempo tuvimos la oportunidad desde Luna Roja de comenzar con el proyecto de la confección de La Manta Yoni en Argentina.[1] La idea, que surgió de Raquel y Elena de Jardín en la Luna: Sabiduría menstrual y conciencia femenina[2], nos pareció muy interesante y ya se desarrolló en varios países: Estados Unidos, México, Chile, Costa Rica, Brasil y Colombia. La actividad consta de los encuentros necesarios donde mujeres se reúnen en círculo para confeccionar  -de la forma que quieran y con el material que deseen- una representación de sus vulvas. Pueden participar mujeres de todas partes, y luego envían el retazo de 17cm x 17 donde realizaron su obra a las organizadoras, quienes las unen finalmente en La Manta Yoni. Así, las pinturas, costuras, etc. se conjugan en una tela gigante y multicolor llena de expresiones sobre sí mismas de varias mujeres. El proceso es documentado con fotos y videos, y en el momento en que se realiza la celebración de la unión de todas estas vulvas, se leen poemas o se expresan las emociones que emergieron en el mismo.

Desde nuestro íntimo Círculo de mujeres de Luna Llena, que comenzó ya hace más de un año, nos pareció lindo el hecho de convocar a las mujeres de Argentina a este proyecto. Particularmente creo que un espacio donde las mujeres puedan desarrollar su creatividad, contarse cosas y conocerse es una excusa interesante para que se organicen, y cuando las mujeres se organizan logran cosas interesantes. Así que abrimos el Círculo y nos animamos a coordinar esta propuesta. Allí me di cuenta la posibilidad que suscitaba para las participantes, y para otras mujeres: amigas de, compañeras de, hijas de, nietas de, etc, el hecho de representar-se.
Pocas veces nos damos cuenta de la posibilidad que existe en la representación. En este caso, las mujeres se juntarían a darle un sentido a sus vulvas. Dar reconocimiento y un lugar en su existencia como mujer a la vulva, puede ser revelador. La vulva - muchas veces fue confundida con la vagina- y sus denominaciones también la han denostado con el útero y la sexualidad femenina en su conjunto. [3] Es así que nuestro sexo, o nuestra sexualidad en conjunto, ha caído en el polo negativo de la interpretación: no tenemos pene sino un clítoris, nuestro sexo es no fálico, continente negro (difícilmente representable), etc.[4]  No somos. Y todo lo que no es productivo en este sistema, y que se enlaza con el placer por el placer mismo desde una óptica no masculina y con la condición biológica per-se femenina queda sumido en el misterio.

¿Cuántas mujeres han mirado sus vulvas? ¿Cuántas las han tocado? ¿Cuántas se consideran con la capacidad de representarlas? Es en la mayoría de los casos en una sociedad que ha tomado el cuerpo sólo como medio de producción, y más aún en el caso de las mujeres, muy difícil que se lo considere posible de ser representado, desde sus deseos, desde sus pulsiones. ¿Qué sentido puede darle individualmente una mujer a un territorio inexplorado, invisibilizado y que se relaciona íntimamente con ella misma?
Si bien hoy estamos debatiendo desde las perspectivas de género que vulva, vagina y útero no son sinónimos de ser mujer, y estamos preguntándonos qué es lo femenino y qué es ser mujer, deconstruyendo conceptos, también desde algunos sectores del feminismo el hecho de darle un nuevo significado a los espacios biológicos de los cuerpos que se relacionan con la sexualidad femenina generan una visibilización de los mismos, dotando de conocimiento a esa mujer sobre sí y sobre las posibilidades identitarias que existen para ella al dejar de sentir que su sexo no es. Así es como en estos tiempos, los procesos biológicos mujeriles están siendo resignificados y ya hasta los que suponían un padecimiento fisiológico y psicológico implícito están siendo considerados de otra forma, como una vía de autodescubrimiento, de valorización (autoestima) y conciencia: sexualidad femenina desde la niñez y sus pulsiones, ciclos menstruales, partos, puerperio, menopausia…

Es entonces que hay una posibilidad allí, de repensar, de conocer. Así, no sabremos sólo dónde está el útero cuando quedemos embarazadas o menstruemos con dolor, sino que también conoceremos que podemos sentir placer cuando amamantemos, o que el puerperio puede ser una situación de reflexión profunda en nuestra vida, o que si no elegimos ser madres podemos transitar un camino de autoexploración profunda que nos redefina.  Tampoco los conocimientos que tengamos serán solo académicos y altamente subjetivos por proceder de la medicina paternalista, si no que podemos reconfigurar esa concepción de nuestra supuesta pasividad de género sexual.[5]
Podemos acercarnos a una imagen. Podemos darle forma a una concepción de nosotras mismas. Eso de representar me pareció lo interesante de la propuesta de La Manta Yoni.[6]  En este caso, es hacer visible ese territorio escondido por la cultura. Ese lugar tan asociado con cuestiones de reproducción, enfermedad, abuso y malos tratos[7], puede ser redescubierto desde el goce. Junto a otras mujeres llegar a compartir representaciones en situación de sororidad es por un lado paliar el aislamiento que genera tanto silencio, y además vincularse desde otros espacios. Podemos hasta repensar la educación, la educación sexual que no se aferre a las patologías y que pueda vivirse integral y no falocéntricamente.  


Para informarte más acerca de La Manta Yoni en Argentina:
nosotras.lunaroja@gmail.com
Twitter: @RedLunaRoja
http://facebook.com/red.lunaroja
http://facebook.com/lunaroja.mujeresencirculo






[1] Podés informarte más a través de nuestro grupo de Facebook: https://www.facebook.com/groups/753505891345174/     
[3] << La desconexión interna corporal de las mujeres ha permitido la ocultación del papel del útero en la sexualidad; así por ejemplo, el “yoni” de los tratados de sexualidad tántrica, literalmente quiere decir “útero”, y sin embargo se ha traducido por vagina, porque en nuestro paradigma de sexualidad el útero no existe. >>  Rodrigañez Bustos, Casilda. Pariremos  con placer. Apuntes sobre la recuperación del útero espástico y la energía sexual femenina. Editorial Madreselva.
[4] Irigaray, Luce. Espéculo de la otra mujer.
[5] Greer, Germaine. La mujer eunuco.
[7] Sanyal, Mithu M. Vulva. La revelación del sexo invisible.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Las toallitas y yo: Volver a lo natural, un medio y un destino a la vez.

Cuando un cambio que parece pequeño, despierta muchas consciencias en simultáneo, contagiándose de otras y contagiando a muchas más.

por Flora Mitocondria
@FlorMito

Para recorrer el camino que nos acerca a una visión consciente de nuestra menstruación, existen –no azarosamente– numerosas alternativas.
El primer paso, importantísimo en mi recorrido, fue el hacerme cargo de mis cambios hormonales, ‘cortándole’ ese poder que antes supo estar en manos de los laboratorios. El cambio fue explosivo, en muchos de los sentidos posibles. Incluso los momentos más duros, de dolor físico y emocional, fueron productivos y positivos: mi cuerpo se estaba limpiando y sanando a sí mismo. Yo me estaba responsabilizando y concientizando en su limpieza y sanación. También empezaba a deducir que esa tarea estaba recién comenzando. Lejos de abrumarme, eso me entusiasmaba.
No pasó demasiado tiempo hasta que conocí las toallitas de tela, aunque el concepto no era tan extraño para mí. Habiendo sido un bebé en plena hiperinflación, en una época en la que todavía no llegaban a su auge los descartables; debo haber sido de las últimas generaciones de miles de bebés usuarios de combo tela-bombacha de goma. Aquel recuerdo volvía aún más natural y lógico el cambio en que estaba deviniendo.

Investigando las opciones accesibles en el punto del mundo donde estoy, una bocanada de información fresca me recibió. Después de varias semanas de averiguaciones, con mucha ilusión –tanta que mi menstruación se demoró un poco, como esperándolas- y en forma de autoregalo, me acerqué a una dietética de la ciudad y conseguí mis primeras toallas. La primera impresión fue más que grata y renovadora. Más allá de ser un producto, la dedicación y compromiso puesto en las toallas se veía a las claras. También el tono más amigable y de contención se transmitían, a diferencia de los packs descartables que asocian lo natural con lo “indeseado”, dándo una razón a la artificialidad de su producción, al mismo tiempo que se esconden los efectos adversos que estos tienen en el cuerpo de las usuarias. Acá me hablaban de un reencuentro con la naturaleza, con el hecho de la menstruación como un proceso que siendo natural, no tenía por qué conflictuar al entorno, contaminándolo y contaminando nuestros cuerpos. Estaba emprendiendo un camino y entendiendo el proceso desde una persperctiva más positiva y conciliadora, y que con el tiempo, también eliminaría los rasgos negativos que han sido asociados y que ayudan a la estigmatización y al posicionamiento de la sangre menstruante dentro de la columna de los “tabúes”.
No pretendo hacer propaganda del producto diciendo esto, sino poner atención y dar cuenta del cambio que significan. Es imposible mantener una postura de menstruación consciente sabiendo que cada mujer arroja a la Pachamama 12.000 toallitas descartables, en todo su ciclo fértil que tardarán 400 años en degradarse. Con las toallas de tela, el cambio de panorama es inmediato y se percibe inmediatamente. La secuencia cargada de pudor, vergüenza y en algunos casos, asco hacia la propia sangre; en el momento del cambio y desecho; se transforma en otra cosa:
Se produce un reencuentro con el ciclo y con todo lo que acontece interior y exteriomente en torno a él. La tarea del lavado, del previo remojo para después convidar a las plantas y devolver así, algo de lo que nos dan todo el tiempo; la búsqueda de consejos en pares para los cuidados que exigen las telas, en fin. Se establece un vínculo con las toallas, entendiéndolas como una representación palpable del cambio global que decidí hacer. Ya no se trata de arrojar basura sin mirar atrás, sino de tener en cada ciclo una nueva oportunidad para repasar el modo en que se vive cotidianamente y cómo se puede vivir mejor, compartiendo, devolviendo y considerando a nuestro entorno como lo que es, parte y sustento fundamental de la vida.

Entre las muchas reflexiones producto de este cambio en mi vida, también surgieron cuestionamientos en cuanto a la llegada efectiva que esta alternativa tenía: ¿Por qué no aparecen en televisión publicidades de las toallas o protectores de tela, como una opción al monopolio del descartable?
Aunque la pregunta sea un tanto retórica, tampoco es que se trate de cambiar una industria por otra, ya que los procesos de producción no tienen punto de comparación entre sí. Simplemente, que se visibilice con información fehaciente, una alternativa diferente, para que efectivamente tengamos la posibilidad de elegir entre distintas opciones, no sólo entre “distintas” marcas comerciales.
Investigando aún más, encontré mucha información libre y a disposición de todas. Las mismas personas que producen las toallas de tela, comparten los patrones de confección. Esto es una perspectiva totalmente diferente. Ya no estamos atadas a un producto en particular. Podemos tomar el compromiso y la gratificante tarea de poner manos a la obra y crear nuestras propias herramientas para que respondan como cada una quiera, a cada necesidad y preferencia.
Esta filosofía de compartir los saberes y las “armas” puede ser un punto de partida muy fuerte en el camino de recobrar la unión y el compañerismo entre las mujeres. La idea de unirse en grupos, de pasar la palabra, de elegir colores alegres y tomar la tela entre las manos para comenzar a darle forma, entre todas y con un mismo objetivo. La conformación de un sencillo taller de confección, además puede ser la base sobre la que empiecen a surgir aquellas otras cuestiones que nos atañen como mujeres y como personas en el mundo, la sororidad se hará presente y reforzará cada vez más a esos grupos y a cada mujer individualmente. El compartir ideas y acciones concretas en un espacio común son fundamentales para extender el cambio más allá de nuestras realidades. Partiendo desde ahí, las posibilidades se amplían inimaginablemente.
Comprender y responsabilizarse en una nueva tarea que amplía los modos de vida que cada una lleva o intenta llevar adelante, creyendo en que conforman tratos más saludables y no violentos con la naturaleza y con una misma, que es parte de ese mundo natural.

martes, 10 de diciembre de 2013

"Si tú quieres felicidad de una nación, de una civilización, de una sociedad, haz cualquier cosa para la felicidad de la mujer"

Desde Luna Roja tuvimos el enorme placer de realizarle una amenísima entrevista a Laura Uplinger*, Licenciada en Psicología Experimental por la Sorbona y especialista en concepción y embarazo, quien nos pidió desde el primer momento que hiciésemos “como si hubiésemos crecido juntas” para tratar los diferentes temas que recorrimos en la charla: menstruación consciente, el aspecto sutil de los sucesos biológicos en los cuerpos de las mujeres, la concepción y el embarazo consciente, el empoderamiento femenino y la responsabilidad con la libertad, y mucho más.

por Julia Ruppel





No hay un debate abierto en los medios sobre el tema de la menstruación. Al menos no parece ser un tema del que se hable con frecuencia, al menos en Argentina, tal vez en otros países como México, Chile, pero no aquí...

Sí, pero no hay mucho. Todavía es muy tabú. Es así. Hablar de la sangre menstrual… si uno no va hacia el místico, se queda en el psicológico, o entonces la tensión premenstrual, que era algo muy médico y no como la esencia de la mujer. No han tenido nuestras queridas antepasadas recientes el placer de poder hablar de estas cosas. Entonces estamos poco a poco pudiendo hablar naturalmente. La mayor parte de mi generación se vio con su primera menstruación donde la mamá le pasaba unas servilletas y sin mirar, sin hablar y recogí esa información entre colegas y amigas, o alguna abuela o alguna madre que estuviera más abierta. Pero era algo muy raro y te hablo de Europa y Estados Unidos, fíjate en nuestros países latinoamericanos ¿no? Entonces yo creo que ese debate es muy lento por falta de hábito de hablar de esas cosas.

Y más allá de la sociedad en general, particularmente desde algunos sectores del feminismo clásico se critican las nuevas propuestas de las ecofeministas de hablar de la menstruación como un proceso natural, vinculado a la tierra y a lo corporal de la mujer, que proponen utilizar durante la fase menstrual toallitas de tela o copas menstruales. La frase común es que las mujeres que se vinculan con esta parte más “natural” quieren volver a la Edad Media.

Sí. Y la verdad es que en la Edad Media no había nada de eso… es más, las mujeres eran quemadas en la hoguera. Es decir, algunas feministas quisieran que hiciéramos nuestras cosas de mujeres (tener hijos, amamantar, menstruar) como si nada fuera, como si fuéramos hombres, donde lo único importante sería salir al mundo a ganar dinero. No sé cómo hemos comprado esa idea que hay que vivir para trabajar en vez de trabajar para vivir. Ahora, es sencillo retomar esos temas pero quedarnos con la sencillez. Como se describe en La Carpa Roja, donde las mujeres iban al medio del desierto todas juntas a menstruar. Y una de las costumbres era que ante la primera menstruación de una niña se la acompañaba, y con mucho cariño y un poquito de vino le introducían algo en la vagina para romper la membrana y que no tuviera esa historia de la virginidad, tal vez para que en su primera relación sexual pudiese tener mayor placer, no sé. Está muy bien descrito en el libro cómo aguardaban a que la niña se relajaban, realizaban el procedimiento, y luego la contenían, la peinaban… Así que, ¿desde cuándo eso de la virginidad es tan importante? Yo pienso que tenemos mucha información, pero que nosotras tenemos que traer la nuestra. Ahora bien, hay formas de dedicar la sangre.

La sangre menstrual que se obtiene de las copas menstruales o las toallitas de tela se suele dar a las plantas…

Sí, y las plantas la reciben. Pero también como la sangre es un vehículo astral muy poderoso, cualquier tipo de corte, cualquier tipo de sangre que salga del cuerpo humano –hombre o mujer- dicen los clarividentes que hay entidades que se interesan por sacarle la energía a esa sangre. Parece que la sangre es un líquido extremamente poderoso. Entonces si estás un día en la cocina, pelando las papas y de repente te cortas y cae una gotita de sangre, bueno, entonces hay que dedicar esa sangre a entidades luminosas, porque a veces que hay de todo cerca de nosotros... Ahora bien, si estamos con la menstruación, también habrá que dedicarle la sangre a la madre divina, a seres de luz. Porque mientras que tú dices que hay dueño, otros no pueden venir. Es decir, decirles a las menstruantes que su sangre es idéntica a la del gran poder (fíjate los pactos de sangre, cómo se firmaban con ella, y tratos con el diablo y otras cosas de muchas leyendas). Nosotras que menstruamos desde nuestra juventud, podemos dedicarla a entidades luminosas. Entonces pienso que esto ya ayuda mucho.

Entendiendo entonces la sangre menstrual no como un patrimonio individual sino colectivo de las mujeres, dedicarla al cosmos…

Sí, pero cualquier sangre que venga de un cuerpo humano si podemos dedicarla a seres de luz nos crea un vínculo más interesante que si sólo la dejamos correr…  Pero claro, cada uno tiene su vibración en cada momento y está rodeada de seres más o menos benevolentes. Por ejemplo yo me sentía muy poderosa cuando tenía mi menstruación… iba al colegio, rendía un examen, yo con trece añitos, y aunque me molestaba tener algo entre las piernas como no me dolía nada podía observar que tenía mayor poder de manifestar algo. Y si ese algo consistía en ir de excursión, o un examen, me salía bien. Eran días auspiciosos, diría yo.  Pero poquísimas mujeres tienen eso… Cuando tuve mi trabajo de parto fue la misma cosa, dolor, pero una fuerza muy grande que venía desde adentro. Entonces ya para las que van a tener hijos, el tipo de dolor que una siente durante los días de menstruación te da una idea de cómo va a ser el trabajo de parto. Qué tipo de dolor, de contracciones uterinas vas a tener, porque en cada mujer es distinto. El dolor menstrual, que a veces la imposibilita a la mujer y la obliga a estar en cama por dos días, y el no dolor menstrual, las dos cosas las vemos bien distribuidas por la humanidad.



Puntualmente con el tema del dolor, pienso en el papel de las farmacéuticas que todo el tiempo nos están transmitiendo que compremos Ibuprofeno durante la menstruación y cómo nosotras nos acostumbramos a callar al cuerpo cuando tal vez muchas de las veces éste nos esté pidiendo atención ante la vorágine de nuestras vidas cotidianas. Y si vuelvo a tus palabras, Laura, cuando decís que los dolores menstruales nos preparan para el parto, supongo que nos estamos perdiendo una parte importante de exploración de nuestra vida fértil y sexual al suprimir los impulsos corporales mediante fármacos. Tiene que ver con la vida que llevamos como seres humanos y con lo perverso del sistema, ¿no?

Es un tema… el de las industrias farmacológicas, inclusive con mujeres que trabajan dentro de ellas. Se han apoderado de casi cualquier cosa. Incluso yo vi que las mujeres embarazadas en Estados Unidos a veces están tomando anti depresivos al final del embarazo para prevenir la depresión post- parto. Y la depresión post-parto es algo fácil  de evitar, es algo de una sencillez absurda. Este tipo de aflicción sucede por la falta de contacto después del parto.  La depresión sería una tristeza inmensamente profunda de algo que debería haber pasado y no pasó: la comunión con ese bebé (que finalmente está afuera). Está bien prevista por nuestra neurofisiología una comunicación fuertísima con la piel, con la mirada ya que van a pasar días hasta que la criatura esté bien despierta luego de ese momento tan oxitocinado. Esa primera hora, noventa minutos después del parto la mujer tiene una alta máxima de oxitocina que sólo consigue luego de parir – ni siquiera en un orgasmo maravilloso – y es decir, todo eso que está en movimiento es para que ocurra un download del hemisferio derecho del cerebro de la madre al del bebé. Como si un cerebro pudiera aprender con el otro a través de la retina. Es una lectura muy sensible por la retina. Entonces separar a un bebé de una madre para lavarlo, limpiarlo, aspirarlo, durante esos primeros noventa minutos es crimen, es una falta de ética atroz. Y puede darte un año de una depresión, donde esté algo difícil pasando. Es algo que estaba destinado, y esa mujer no lo vivió. Ésa es la esencia de la depresión post-parto, aunque no todas las mujeres la viven de la misma forma. Esto es a lo que se llamaba baby blues[1], situación que disminuyó notablemente cuando dejaron permanecer juntos a la mamá y al bebé en la misma habitación luego del parto. Ahora, todavía no han tenido la audacia de hacer un estudio de las que no se separaban ni siquiera un minuto (normalmente son dos horas de observación, yo  veo aquí en las clínicas particulares)… sería interesante. Es una lástima que separen a los bebés de las mamás porque si hay algún tipo de niño o de niña que tuvo intervención en el parto, si existe tendencia al autismo o indicio de posible deficiencia de atención debido a que hay áreas del cerebro que no están completamente desarrolladas todavía, esa hora de gran comunión tal vez pueda reponer el crecimiento que viene después con el amamantamiento. Es decir, es posible que tantas intervenciones como se hacen exponen al bebé con tendencia al autismo a una mayor probabilidad de tener dicha patología. No recuerdo si lo dije cuando estuve de visita en Argentina, pero por ejemplo en Tokio, en un mismo barrio hay dos maternidades donde en una de ellas hay mayor intervención en el nacimiento que en la otra – los médicos tienen la misma formación en ambas, las personas tienen el mismo poder económico, social y cultural – y es en esta primera de donde resultan mayor cantidad de niños autistas. Entonces, si la única diferencia entre esas dos maternidades es la intervención al nacimiento, por lo menos que sería prudente que dejaran estar juntos a ese bebé y a esa mamá, en esa hora u hora y media que sigue al parto. También a nivel de la microbiología es importante, de la flora, de la piel, del tracto intestinal… Da lo mismo que sea cesárea, debería ser posible estar siempre con el bebé. Pienso que si respetáramos eso… si los bebés fueran deseados y si no fueran separados de sus madres yo creo que gran porcentaje de los problemas humanos desaparecerían, por ejemplo los hospitales psiquiátricos tendrían que cerrar. Y esto por haber utilizado bien momentos privilegiados que son ventanas de oportunidad.

Siguiendo con este tema de las intervenciones al bebé, ¿qué impacto tiene para un ser humano, tal vez a nivel espiritual y/ó psicológico, nacer en un entorno hospitalario?

Mira, el impacto sobre el bebé de un nacimiento hospitalario depende del impacto sobre la mamá. Bebé y mamá están muy vinculados. Si la mamá ve al hospital como un lugar seguro, y se puede relajar, ese bebé estará feliz, pero si la mamá lo ve como una invasión el bebé percibe la agresión que siente la madre. El bebé tiene con el nacimiento  su primera transición de vida, que es inmensa, donde la sangre va a circular distinto, la respiración tiene que lograrla de forma autónoma, debe regular las sensaciones térmicas de su cuerpo – porque ya no estará en un ambiente de temperatura constante como lo era cuando se encontraba rodeado del líquido amniótico  - , va a sentir el peso de su cuerpo cuando antes se sentía como en una piscina, y si no hay una gran armonía a su alrededor él va a asociar cambio a miedo. Mucha gente tiene miedo a lo desconocido. Y hay gente que no, por ende no es algo obligatorio, es decir que esté en el instinto humano. Hay personas entonces, que asociarán “lo desconocido” con la primera vez que vivieron esa situación, que fue al nacer. Y si la mamá está tranquila, relajada, llena de esperanza de ver a ese chiquilín en sus brazos, si pasa todo de manera armoniosa en el hospital o en casa – porque puede ser bello en el hospital -, si ella está incluso vinculada a su propia alma y agradeciendo a todas las mujeres que tuvieron hijos en su linaje llegando incluso a la primera mujer del mundo, si se siente (la palabra está de moda pero es importante) empoderada y no necesitando apoyo de todos, si está con una sonrisa en el alma, ése bebé va a nacer con confianza porque la siente en su madre y no tiene cómo escapar de la bioquímica de la sangre de la ella. El cuerpo es nuestro instrumento para el resto de la vida y está recibiendo informaciones muy fuertes en el momento de nacer. Yo veo esas películas antiguas donde cada vez que alguien tiene un problema se voltea y tiene un vaso con alguna bebida alcohólica, es decir, un poco de anestesia para un momento difícil, ¿qué tendencia es ésa? Tal vez su nacimiento fue bajo anestesia general y esa persona va a repetir ese momento inconscientemente: no lo sabemos. En la primera transición estaba ya con anestesia, con químicos, donde alguien los tenía que ayudar… Pero hay que saber que se pueden amar los cambios.  Es terrible cuando se les roba la posibilidad a las mamás y a los bebés de vivir una experiencia que puede ser muy entera, con mucho placer incluso, un placer de esperanza, de “aquí estoy, aquí llegué por mis propios medios”. Le da miedo a un bebé el miedo de una madre. Le da miedo a un bebé el miedo de la madre a no poder, no saber. Es complicado, y lo estamos haciendo por el mundo entero, de manera automática y la gente no sabe y al mismo tiempo los profesionales de salud también nacieron: parteras, médicos, anestesistas… ellos también tienen su historia y está siendo eso inconscientemente activado cada vez que hay un parto. A través de la memoria, celular incluso, memoria límbica, al ver algo eso despierta en ti el recuerdo de esa experiencia anterior. Y podemos decir que es un maltrato, si bien en algunas situaciones salvan vidas. Pero hoy en día estamos haciendo cesáreas con porcentajes de 90% en algunas instituciones. La ciencia quiere negar la existencia de un Yo, de un ser que está allí arriba registrándolo todo, ¡qué lástima!

¿Qué importancia tiene entonces el conocer el propio nacimiento, qué nos ayuda a descubrir de nosotros mismos, más allá del aspecto fisiológico?

Nosotros somos seres espirituales, claro, pasando por la experiencia humana como dice Teilhard De Chardin. Pero hay sufrimientos en nosotros, incluso alegrías, que uno no sabe bien de dónde vienen y a veces se pueden identificar. Pueden venir de la propia madre durante el embarazo y también ser reforzados durante el parto. Entonces saber de dónde me viene un miedo, que no es mío, que fue de una situación difícil que yo viví, ¿por qué fue difícil? porque yo era impotente, no podía hacer nada, no podía ni siquiera hablar. Pero ahora ya tengo 30 años, 25 años, 50 años, y puedo mirar hacia esa situación que no ayudó en mi cuerpo y a toda la parte neurofisiológica,  y verlo con mi mente actual y entender que no fue tan grave, porque ahora yo ya tengo mi mano, mi palabra, mi mirada, ya puedo yo educarme, ya puedo yo tener experiencias que puedan incluso casi como compensar algún sufrimiento. El sufrimiento del bebé que está siendo maltratado en el nacimiento o la mamá maltratada, es enorme pero es total. Hoy día si alguien me maltrata me puede molestar mucho pero no es algo total, mi identidad es mucho más fuerte, tengo más libertad. Entonces si yo voy a ser mamá o papá y conozco mi nacimiento eso será un inicio de conciencia para que no se repita la misma cosa. Lo que nosotros no conocemos en nosotros mismos puede dominarnos de una manera absurda. Pero si ya lo conocemos, ya podemos elegir. Es el milagro de la conciencia ¿no? Si yo tengo conciencia de que mi parto fue duro, yo puedo pedirle a un amigo que me haga un relajamiento hipnótico para ver si yo puedo darme la libertad en mi subconsciente de hacer un nuevo guión de vida para mi bebé, y no repetir/reproducir el mío aunque yo sea el papá o la mamá. Porque cada vez que una mujer está embarazada ella tiene actualizada en ella misma el bebé (el embrión, el feto) que ella fue, y el papá también. Cuando uno se involucra mucho con lo que vive le despierta una memoria guardada en nuestras células, en nuestra memoria de ser humano, pero que vivimos en aquélla edad. Y eso es muy interesante. Si estuviéramos tú y yo ahora hablando mucho de embriología durante dos o tres días, el embrión que hemos sido tú y yo estaría presente en nosotras, incluso como si estuvieran oyendo, aprovechándose de ese conocimiento. Entonces si yo soy médica, o parturienta o embarazada, o papá, es bueno que conozca cómo llegué a la vida, que yo sepa las condiciones psíquicas alrededor mío, incluso la sala de parto, para descifrar mi bienestar o mi malestar que tiene que ver con ese momento. Esa experiencia es primal, es de un tiempo pre-verbal donde no podíamos decir “déjame, déjame, quiero nacer en paz”, no teníamos cómo. Entonces viene una sensación de impotencia muy grande. Cuando sufre la mamá nosotros de bebés nos preocupamos mucho por cómo está ella. Así que uno va haciendo un trabajo de detective para ir descifrando lo que pasó para después poder elegir lo que no va a pasar y cómo estar abiertos a otros guiones que la vida nos ofrece.

¿Qué pasa entonces cuando toda una generación de seres humanos se han visto desconectados de esta etapa primal, del nacimiento ó del momento del parto?  ¿Ese no saber qué resultado nos deja como generación?

Es importante lo que tú estás preguntando. No podemos hacer experimentos con los seres humanos a nivel de laboratorio para decir “tú vas a tener conciencia, tú no la vas a tener”, pero si nos fijamos en la historia de la humanidad yo creo que ya está, tu pregunta está contestada: ¡¡¡es un lío enorme, interminable!!!  De gente que se siente insegura, gente que tiene una tristeza tan honda que le viene una agresividad muy fuerte. Cuando uno siente rabia, cualquier persona en cualquier momento, que la rabia sea pequeñita o gigante, que esa persona tenga poder o muchos poderes o no, pero por detrás de esa rabia, de ese mal humor, está siempre alguna tristeza. Y esa tristeza suele ser demasiado grande para que podamos enfrentarla. Tenemos un mecanismo de protección interior para que no lleguemos directamente a la tristeza. Porque con la rabia yo me siento fuerte entonces yo puedo aplastar a otro y hacer una venganza y no tengo que fijarme qué me duele en mí. Muchos pasan lejos de situaciones que los hagan revivir esos momentos traumáticos de los que fueron protagonistas. Si uno considera al ser humano como un hijo del Universo, conectado con Todo, Absolutamente Todo, el Ser de uno ya sabe dónde están los mensajes. Hay un Ser dentro tuyo, dentro mío, que Sabe. Es muy interesante. Si quieres saber cómo fue el nacimiento del Aconcagua, de una montaña, puedes entrar a una meditación profunda y llegas a estar en comunión con esos seres minerales que se levantaron e hicieron una antena de emisión y recepción de cosas mágicas para el planeta. Cada montaña representa un lugar importante de intercambio de energías espirituales. ¿Por qué? Porque una es una Hija del Universo. Y si una quiere puede hablar con el Aconcagua, ahora, esa es una disciplina maravillosa que yo no sé hacer pero sé que existe. Entonces fíjate que yo puedo pasar la vida entera sin querer pasar a mirar un momento duro, y me puedo poner agresiva, que va a imponer a los otros la voluntad… Sé de una mujer en Bariloche que hay una mujer que hace todos los partos con fórceps, ella es la Reina de los fórceps, y sabe usarlos como nadie pero ¿¡qué es eso!? Al fórceps hay que utilizarlo rarísimamente.

¿Esto pasa porque no se reconoce que el recién nacido también sufre cuando se le realizan prácticas invasivas? ¿Nos cuesta creer que una personita tan pequeña siente debido a la omnipotencia del ser humano adulto?

Sí. Cuanto más chiquito el bebé, más sensible. Cuanto más pequeño, más sufre. Y no tiene cómo salirse, y si la mamá sufre, el vínculo con ella es tan total que estará todo registrado como sufrimiento. Muchos seres en este planeta tienen miedo al cambio… miedo a una mudanza de ciudad, de casa, de trabajo, porque esa situación los va a transportar a la otra mudanza, la primera, el primer cambio.  ¿Tú no sientes a los humanos muy sometidos, muy sumisos, con muchos miedos?

Sí…

¡Cuando nacer no debería ser sinónimo de tener miedos! Pero así somos… Espiritualmente necesitamos al cuerpo como un excelente instrumento. Algunas terapias equilibran el cuerpo para que éste sea, y principalmente el cerebro, un instrumento adecuado para nuestra dimensión espiritual.  La mayoría de las veces no lo es, y verás que todas las drogadicciones (cualquier tipo de drogadicción ya sea sexo, trabajo, carbohidratos,  alcohol, cocaína, morfina) demuestran que la persona no llegó a la vida en plenitud. Que hay algo que compensar, algún sufrimiento que hay siempre que controlar, que minimizar… Entonces viene esta anestesia para un sufrimiento que sí duele y que viene desde mucho antes, cuando éramos bebés, pequeñitos, en el vientre, un año de edad…

A raíz de lo que mencionás sobre el cuerpo como instrumento, ¿por qué creés que algunas mujeres, tal vez desde el feminismo más clásico, intentaron o intentan separarse de lo biológico? Ya sea a partir de la utilización de ciertos fármacos, procedimientos médicos… etc. ¿Por qué buscamos distanciarnos de esa parte mamífera, animal, corporal?

Sí. La parte biológica, animal, que es bellísima, si estás saludable es el instrumento perfecto para el espíritu. Ahora, yo siento al mirar la historia, toda la antropología, que nunca hubo sociedad que considerara la vida de la mujer y la vida íntima y sexual de las mujeres y su reproducción de una manera grande y adecuada. Siempre fue más tabú, con miedos… te hablo del colectivo, porque siempre hubo enseñanzas.  Yo empezaría por qué hacemos con la sexualidad, qué es la atracción sexual cuando no hay amor en el sexo, qué tipo de celebración estamos haciendo. Entiendo que la sexualidad es una celebración cósmica del amor. Cuando hay sexo sin amor, que desafortunadamente pasa muchísimo, ya estamos poniéndonos en un desnivel, en una falta de equilibrio con las fuerzas del universo. Triste, ¿no? Veo  que hoy podemos hablar de esos problemas que siempre existieron y claro, de anticoncepción y existen otros medios, pero el problema me parece que sigue siendo el mismo. El hecho de poder nombrar esos problemas, de poder oír a esas mujeres que lograron un relajamiento más profundo, una conciencia mayor, yo veo que hoy podemos empezar un tipo de sanación planetaria. Parece que hoy hay más problemas, yo pienso que no. Hoy vemos mucho mejor los problemas. Hay menos mujeres disminuidas, por ejemplo en nuestro mundo Occidental pero que sí existen en África. Ahora, una cosa yo sé, y es que la naturaleza, la inteligencia cósmica, no permite que si en un grupo social las mujeres no están bien los hombres tampoco lo estén. Puede una pensar “¡Ah pero ellos tienen todo el poder!”, sí, pero están infelices. Si tú quieres felicidad de una nación, de una civilización, de una sociedad, haz cualquier cosa para la felicidad de la mujer, ¿y empieza cuándo? Cuando eres niña, cuando estás ya menstruando, cuando llega su embarazo. Si ella puede vivir con dignidad todas esas etapas como hija del universo todo va a florecer, y los hombres van a quedar ya seres mucho más plenos. Porque es imposible llegar a la vida sin ser por la mujer. Uno es educado normalmente por su mamá, por las niñeras, por las hermanas, después las maestras. El Femenino si lo respetamos, en una generación ya no habrá más miseria. Donde hay miseria económica, tú puedes estar segura que hubo algún daño al Femenino, porque no está previsto que la tierra no dé de comer, no está previsto que yo no piense en los demás, que un sistema político-económico rechace el bienestar de la mujer. Pero la única solución para nuestro crecimiento es enterarse de ese mecanismo de llegar al mundo, de cómo vivimos nuestro poder, porque nuestro poder es total y como lo utilizamos muy mal tenemos siglos y siglos de una humanidad muy infeliz. Yo felicito a Luna Roja por poder pensar, bloggear, sobre eso. Al nombrar la fuerza de la mujer, la fuerza de la menstruación, al nombrar la belleza del embarazo, ya están reequilibrando muchas cosas. No lo saben pero espiritualmente ése es el trabajo para que poco a poco haya más conciencia. Y ahí sí, los hombres que llegarán de las mujeres tendrán más dignidad, más felicidad. Una persona feliz va a tener más creatividad, ésa creatividad será más inclusiva de todos. No va a despreciar el medio ambiente, no va a contaminar sin que le importe. El carácter, el temperamento de un ser bien gestado es de comunión con la vida. ¿Pero cómo está bien gestado? Tenemos que abrazar a esa mujer, que ella encuentre su poder.  No es “apoyarla a la pobrecita”. Uno ve siempre que “la mujer necesita de ayuda”…  La mujer embarazada es la gran educadora, ella tiene el gran poder. La madre puede dar la mano a su hija y decirle con todo su cariño: “Nena, mira, tenemos una historia planetaria horripilante, pero nena, ¡vamos a caminar hacia más plenitud: es posible!”. Es una delicia ser madre de una niña y que ésta piense en lo femenino, sin intelectualizarlo, ¿verdad? Porque nosotras tuvimos que intelectualizar muchas cosas para llegar a la conciencia. Pero para las próximas generaciones se podrá ver que ciertos conceptos ya los tienen. Toda la forma que una madre tenga de mirar a la vida está traducida a un nivel bioquímico para cada tejido de cada órgano de la hija. Es entonces el embarazo el período de mayor poder educativo que tiene esa mujer madre. Cuando ella nace, y empiezan a educarla, ya es bastante tarde. La gran educadora, la gran profesora de vida, la que le va a dar los mensajes de cómo funciona el universo es la mujer embarazada. Es ella quien debería ganarse los premios de educación, pero claro, ¿cómo están las mujeres embarazadas por el planeta, las hermanas embarazadas? Están con mucho miedo. Para los padres, es importante descubrir que el mayor regalo a un bebé es la pareja y no así el carrito, ni la pintura del cuarto del recién nacido… Eso es un regalo y es para siempre. Para ese bebé es importante saber que donde nació hubo amor. Cuando hay amor en un acto sexual, el nivel de las vibraciones aumenta tanto, y una o uno ya es cómplice de la vida y parte del universo, con una participación activa. Es lindo gestar bebés que se sientan bienvenidos a la Vida. En dos, tres generaciones, los cambios son inmensos. Está sucediendo en el mundo que muchas parejas se enteran de algo intuitivamente, emocionalmente, a veces mentalmente, a veces las tres, a veces con clarividencia. Es bueno decirle sí a la Vida. Aunque sepa que una no hay garantías, eso de ser padres con garantías no existe. La entrega que una siente en el orgasmo de la concepción es la entrega que la llevará a través de su vida. Un seguro de salud, por ejemplo, no nos garantiza nada. Esa entrega puede ser cada vez más placentera, una entrega donde una participa activamente. Una se ofrece como es con toda su honestidad, y está a la espera de las señales de la Vida.

Desde el primer momento entonces el bebé tiene deseos, le está enviando mensajes a esa madre embarazada que muchas veces exceden sus necesidades de alimento, sino que pueden ser incluso psicológicas, emocionales, espirituales… Ya existe allí una comunicación entre mamá y bebé, desde el útero.

Sí. Incluso puede existir comunicación antes de la concepción. A veces el bebé ayuda a la mamá a encontrar un padre. Está eso. Es algo muy antiguo por la humanidad, en todas las civilizaciones hay ejemplos. El alma del bebé, de ese ser que está llegando, está muy interesada en cómo se está construyendo el cuerpo. El alma de ese ser trabaja con el alma de la madre, y la inspira, así como una hablaría con el arquitecto de una casa que está preparando para sí. Una visitaría esa casa todos los días, ¿verdad? Y una diría “preferiría que el color del cuarto de baño fuera un verde un poco más claro, está muy oscuro… ese ladrillo, prefiero esa piedra”. Si tienes dinero, si tienes plata, puedes hacerte una casa, lo mismo que sea pequeña, con materiales sólidos, muy resistentes, muy buenos, de excelente calidad. En cambio si no tienes dinero será una casa de cartulina. Bueno, así trabaja el alma del bebé. La mamá va a formar, va a proveer los materiales, la comida, y su manera de ver la Vida y eso va a estar en cada tejido del cuerpo. El bebé muchas veces ayuda a esa mamá. El alma de ese ser -que puede venir representado en un bebé pero resultar un ser mucho mayor que esa mamá- le inspira a su madre ideas, pensamientos que él necesita para su casita que se está preparando. Dicen los clarividentes que el alma del bebé no está en el bebé mismo, sino que lo visita, visita a ese cuerpo en formación pero no tendría cómo todavía vivir en ese cuerpo que no funciona aún. En civilizaciones como en Indonesia, la primera cosa que la embarazada hace es ir a ver al clarividente del pueblito que le dice cómo se quiere llamar ese bebé, si es un antepasado del pueblo… es interesante, eso está en la tradición. Hay mamás que saben muy bien quién es el bebé, y no tienen ninguna duda. Incluso algunas leen libros que no han leído antes. Tienen como un currículum universitario (risas). Ahora, una como madre tiene libertad total de decirle a un bebé “eso sí me interesa, pero eso no”. Si quieres leer un determinado libro o no. Porque a veces puede pasar que la madre tenga una sensación extraña, muy rara, por ejemplo, te daré un ejemplo un poco extremo: la mamá tiene ganas de mirar pornografía, pero ella no suele hacerlo, así que puede decirle al alma de su bebé que “ese tipo de sexo sin amor no es la mejor manera de expresar la gran fuerza de mi sexualidad, no solamente no voy a mirar esas cosas pero que sí voy a leer un libro donde hay una historia amorosa muy bella y quiero que sientas conmigo lo que es el amor y el sexo como culminación del amor.” Por ejemplo, aunque sea un caso extremo, la mamá también en eso es educadora. Puede ser que el alma tenga alguna tendencia, de una vida anterior, de algo menos evolucionado, y que la madre la pueda ayudar. La gran parte de las veces es cuando la mujer se pone casi como en oración con ese ser que está llegando para ayudarlo a conquistar su poder físico, para que su vida sea plena algún día.

Ahora bien, hay embarazadas que sienten mensajes de sus bebés durante la gestación intrauterina. Sucede también que mujeres embarazadas que están transitando este nuevo camino de conciencia están desconectadas de su madre biológica, tal vez porque al estar tratando de cambiar paradigmas con respecto a su embarazo, al parto o la crianza, esto las distancia...

Hay bebés que se desvinculan de sus madres. Eso pasa, pero a veces cuando esa persona es padre o madre, hace todo lo mismo que los padres hicieron con él. Hay que ver quién yo soy en mi pensar y quién yo soy en mi ser más interior. Mi pensamiento puede ser solamente la puntita del iceberg, pero por debajo hay mucho. Ahí entra el conocimiento de dónde viene uno. De algunos miedos. Y saber que mientras estás educando a un niño, lo mismo durante el embarazo, es muy bueno tener una lucecita para ver de dónde viene ese pensamiento. ¿Por qué tengo miedo de esto o aquello? Siempre cuestionar, siempre con un punto de interrogación. Porque lo que hemos recibido de nuestra madre durante el embarazo lo hemos recibido de una manera que está tan plasmada, que solamente si tenemos mucha conciencia nos podemos apartar del tipo de comportamiento que recibí, de los mensajes que “la vida es peligrosa, que la vida me debe algo”. Por ejemplo, una mujer se pone muy sometida, quiere agradarles a todos durante el embarazo, es muy gentil pero se olvida de ser ella misma. Le pasa a su hijo o hija, que una no debe ser una misma, que primero debe darle placer a los demás, al establishment, al status-quo. Entonces uno puede pensar de forma independiente de lo que recibió de la madre pero para de verdad ponerse independiente hay que poder quebrar transmisiones de tradiciones familiares y para eso es importante el análisis interior.

Muchas de las perspectivas que tenemos como madres gestantes, como criadoras de nuestros hijos, nos ponen en conflicto generacional con nuestras madres… Muchas de ellas dejan solas a sus hijas en el camino de la maternidad. ¿Se puede relacionar con lo difícil que es para algunas madres replantearse a través de su hija embarazada lo que fue y es su propia maternidad?

Haz puesto el dedo en un punto que le duele mucho a nuestra humanidad. La mayor parte de las veces tenemos que ignorar las cosas que hemos aprendido. Y una mujer que no tiene coraje, o fuerza de no seguir a su madre, porque le cuesta a una, ¿no? Pues… no lo va a lograr. Entonces, tienes razón, muchas veces una no va a estar en un situación linda de contar “porque mi abuela, o mi madre y ahora yo…” Para eso hay que tener tanta salud, que normalmente una no encuentra la suficiente. Hay que primero romper con el patrón de transmisión. Pasan veinte años, la abuela de esa mamá puede cambiar de idea… Una hija que va a romper con la tradición (que no es ni siquiera hablada) de la familia, también se vuelve educadora. Si te yo obedezco a todo, soy una persona obediente; si yo te desobedezco, si yo me salgo de tu camino, si yo te dejo en tu canto y hago mi vida, y no recibo tus órdenes (que muchas veces no son habladas), tú estás aprendiendo conmigo. Si tenemos el vínculo madre e hija, yo siendo tú hija tú poco a poco vas a cuestionar algunas cosas. Al principio te vas a poner furiosa, pero los años pasan y pueden ser veinte años y podemos volvernos grandes aliadas. Nunca la última palabra está dicha. Al final todo sale bien. Pero es muy doloroso saber que tú vas a caminar por la vida sin apoyo, ni uno, de una abuela o una madre. ¿Por qué es doloroso? Porque tenemos en el ideal que debería funcionar distinto, ¿no?  Pero debemos recordar siempre que cuando la vida nos cierra una puerta, y la cierra bien fuerte, hay ventanas que quedan abiertas. Y si una dice “Vida, yo te pertenezco a ti más que a mi propia madre, mi abuela, o mi nación, yo quiero ofrecerte mi independencia, yo quiero depender de ti”, ahí sí, ahí funciona.

Sucede al momento de elegir cuestiones como las del parto, por ejemplo…

Sí. Es algo importante de las mujeres que yo veo en el mundo Occidental, ellas no revelan a la familia dónde van a parir. Las que quieren un parto domiciliar no lo dicen, porque vieron tanta proyección, vieron un lío tan grande… En vez de saber que una va a estar en su casa, donde si hay necesidad de transferencia la tienes, si no la hay una maravilla, estando tranquila con todo lo que la vida depara, no planeándolo sino queriendo parir… pues, la gente va a hacer una cantidad tan grande de reproches ¡mejor no decirle nada a nadie!

Pareciera que hubiera una necesidad de hacer sentir insegura todo el tiempo a la mujer embarazada, esté o no de acuerdo con el sistema médico o su familia…

Es muy triste, pero las pioneras están abriendo caminos. Y es por el mundo entero. Yo tengo una vida en tres continentes, me falta el Asia, se entonces que me beneficié de quienes me abrieron el camino, como están beneficiándose otras por los caminos que yo pude abrir. Pero no por las cosas que dije o los artículos que publiqué, no, por mi manera de ser. Es algo mucho más hondo, mucho más profundo, como si fueran campos morfo-genéticos, que están saliendo de una y van ayudando a que una u otra acepte hacer su devolución silenciosa según lo que entiende. No sale todo perfecto. E incluso nuestros hijos no son perfectos, pero ya tienen un punto de partida tan más elevado, que el que tuvimos nosotras. Que ya con los hijos de ellos o ellas va a ser fantástico. Tenemos que pensar por dos o tres generaciones adelante, saber que lo que estamos sembrando son oportunidades de cambio por primera vez en el planeta. Disfrutando, sí claro, lo que la sociedad nos regala: de libros, de Skype, de caminar, de tomarnos un bus o un avión, pero al mismo tiempo disfrutando de un pensamiento progre. Sin dinero, con dinero… A veces una mujer con mucho dinero es menos libre que la que tiene justito para pagar el alquiler. Antes no era así, para tener un poco de libertad tenían que tener una gran libertad económica, sin eso ni leer ni escribir podías, y hoy ya se puede. Una se da el lujo de reflexionar, de hacer una filosofía propia, de pensar, de elegir un compañero, ¡eso es nuevo en la sociedad! Hay madres que no han tenido esa oportunidad. Había cosas que se esperaban de una mujer. Hoy la mujer tiene posibilidades de caminar por caminos que sus abuelas no han ni siquiera soñado. Entonces hay que saber que el cambio está ocurriendo.

Las mujeres están empezando a confiar en sí mismas, ya no quieren igualarse a los hombres para lograr sus derechos, quieren ser ellas mismas, teniendo conciencia de todos los procesos fisiológicos y espirituales que las atraviesan. Ahora desde algunos sectores se afirma que somos distintas y que eso también es legítimo, que hay que valorarlo, cuidarlo…

Sí, los hombres están muy infelices hoy día. ¡Mira cuántas enfermedades! Los  hombres están esperando que las mujeres puedan despertar a la feminidad verdadera. Y eso los va a alimentar porque la sabiduría de la mujer el hombre la necesita. Cuando no la recibe ni de la madre, ni de la hermana, ni de la maestra, ni de la amante, ¡dios mío! Los hombres se ponen repetitivos, aburridos incluso. Los hombres son seres magníficos pero necesitan de una educación, tienen que recibir algo de sabiduría del plano mayor, de las mujeres que están alrededor, y ahí sí tendrán motivos para ser personas que realizan. Yo creo que lo que los hombres realizan depende en medida del nivel de las mujeres que están alrededor de ellos. Y cuando ves, nuestras realizaciones a nivel de civilización oriental y occidental no son muy interesantes, son muchas veces pobres. Incluso son de fabricar bombas ¡cómo están enfermos nuestros hombres! Pero ¿por qué? Porque no han tenido ninguna educación verdadera hacia la Armonía Mayor.

Hace falta entonces una educación con principios femeninos. Las mujeres son educadas con nociones masculinas, inclusive durante procesos como la maternidad, donde aprendieron a ser madres de una forma masculina… o no respondiendo a sus conexiones corporales por ejemplo, donde muchas han tenido que dejar de dar la teta para “salir al mundo” a independizarse, etc. Ahora muchas mujeres madres entienden que la forma que les pide el cuerpo, su cuerpo femenino, de maternar es válida…

Sí, sí. Pensamos lo mismo tú y yo en los análisis de esto. Tenemos muchas más preguntas y maneras de juntar ciertos elementos que una respuesta cabal de eso, “esto es así, o así”. Pero el hecho de traerle a una mujer embarazada momentos de armonía, de felicidad, que ella se sienta una con el universo, eso estamos cambiando el tejido de la humanidad.  Y son muchas y muchas las que están caminando pese a que no hay un terreno para eso. Hay una gran invasión de cosas: tienes que sentirte muy insegura, hacerte todos los exámenes, entregar tu cuerpo, tu alma y tu mente hacia la medicina. Hay madres que logran dar consciente o inconscientemente, a nivel de sustancia interna, la fuerza para que sus hijas sean lo independientes que ellas no pudieron ser. Entonces así lograron dejarnos algo mejor. La interioridad de una mujer embarazada significa un gran tesoro, si es una buena interioridad, para ese futuro adulto que va a caminar por el planeta, que le van a encantar los cambios, que va a querer mirar cada situación sin miedo primero, ¿por qué siempre tener primero miedo y después ver qué es lo que pasa? ¡No! Es posible que al final haya que tener miedo de algo pero no a priori.

A nivel de gestación extrauterina, ¿por qué es importante amamantar? Esto te lo pregunto porque hay feministas que realmente no consideran que sea algo digno de mencionar, incluso se proclaman en contra de este momento tan íntimo entre mamá y bebé.

Mira, es muy importante oír a una mujer que habla eso porque ella se está fijando, como dicen las feministas de Estados Unidos, en la tiranía del recién nacido, “Yo no puedo hacer nada, ¡ni siquiera pipí! Porque está mi bebé pendiente justo cuando nace”, tomarse una ducha, hay que negociar… Hay días que ducharse es un gran evento. En esos 20 minutos que el bebé se duerme, vas a ducharte, te vuelves a sentir humana y luego la criatura se despierta y de nuevo demanda tu cuerpo. Las feministas latinoamericanas quieren conocer los procesos femeninos de sus cuerpos, los quieren estudiar. Las norteamericanas dicen “¡no! Deja que haya una fórmula para alimentar al bebé, vamos a liberarnos de lo que nos ha oprimido durante siglos”. Pero no fue la maternidad la que nos oprimió, porque no la hemos hecho bien. No nos hemos quedado con nuestros hijos. Cuando podíamos pagábamos niñeras, nodrizas… cosas que pasan. Yo veo por el lado eso de la Alquimia, fíjate el rojo de la sangre, ustedes son Luna Roja, ustedes saben la fuerza de la sangre, lo que es la vitalidad del rojo, pero al complementarlo con la pureza, la fuerza del blanco de la leche hay una complementación extraordinaria de vida. La fuerza y la ternura, porque la ternura tiene su fuerza y la fuerza su ternura, pero cuando tú pones las dos juntas es muy fuerte. Ahora, la ciencia -que yo admiro mucho- logró después de mucho, mucho tiempo, organizar una leche para que los bebés recién nacidos no se mueran, entonces pueden alimentarse y pueden crecer. Está muy bien. Pero ¡vaya! No se compara con lo que es a nivel científico, molecular, la leche materna. La leche materna cambia del principio al final de un momento de amamantamiento. Cambia en la noche, cambia en el día, cambia de maneras impresionantes según quién es ese bebé y quién esa mamá. Entonces, no es posible en ese momento darle al bebé algo tan bueno como la leche materna. Científicamente, vamos a olvidar incluso la cultura. Lo que las mujeres modernas quieren es tener hijos independientes, hijos que puedan vivir su propia vida. Eso yo lo veo lindo. ¿Cómo uno puede implementar la independencia en alguien? ¡Haciéndolo seguro! Para que pueda ser independiente. Entonces, ¿cómo conquistar esa seguridad? Bueno, estando pendiente de sus necesidades, mostrándole que la vida es buena. Cuando uno amamanta a su hija le dice que está ella, ¡ellos no saben esperar 5 minutos para que calientes la leche! Y ahí ya están llorando y recibiendo el biberón con un estado lleno de adrenalina. Cuando uno se enfada muy fuerte antes de almorzar, la comida no tendrá la misma digestión, no será digerida de la misma manera que si uno está en paz antes de comer.  A veces hay adolescentes que entre los 13 y los 15 años reclaman la atención de la madre diciéndole a gritos “¡Tú nunca haces nada para mí!”, con unas quejas fuertísimas, porque a nivel inconsciente están reclamando esa leche materna, como diría mi amiga junguiana Eleanor. El bebé de forma inconsciente sabe que hay más. Ese embarazo como tú lo dices, extrauterino, tiene su propio código de alimentación. Sería demasiado abrupto nacer y nunca más tener nada de esa mamá cuando tú acabas de pasar tus primeros nueve meses, desde que eras una célula solamente, recibiendo su sangre y ahora nada más recibes de ella… sería drástico. Eva Reich miró en el microscopio la leche materna y la leche maternizada, ¡wow! Una era brillante, llena de vida, la otra era ¡nada![2] Es triste.

Uno de los argumentos de las feministas sobre el hecho de que no importa dar leche materna o maternizada es que ambas tienen contenido transgénico…

Es verdad, es verdad. Todas las poluciones agro-tóxicas están en nuestro vientre y salen por la leche materna. Es verdad que a nivel de cómo están los agro-tóxicos, hasta el líquido amniótico de la madre está contaminado, por las poluciones en nuestra agricultura. Pero yo te hablo de polución energética. La polución de la leche maternizada es energética y también hay transgénicos. No sería la cosa solamente para el medio ambiente y todo. El bebé, el cuerpo humano, va a tener que adaptarse a una alimentación que no es la ideal, pero va a tener en la leche materna todos los beneficios, mismo que hay algunos no beneficios (por la polución). Esa parte etérea de la leche maternizada no la tiene, la parte sutil, la parte energética. Es decir que las dos leches están contaminadas, a veces incluso la de la madre lo está más que la maternizada sobre todo si la madre no tiene acceso a alimentos libres de agro-tóxicos, pero la parte energética y la programación para ese bebé es mucho más adecuada con la leche materna, que incluso durante el día o la noche no es la misma porque cambia, no como la maternizada. Si uno empieza a tener miedo de la contaminación del medio ambiente para el alimento, el miedo no es un buen consejero. Si uno empieza a tener miedo ya se está sometiendo al sistema. Es mejor decir que mi organismo va a tener elementos para luchar contra esos agro-tóxicos y mi bebé también, es mejor confiar en la capacidad de adaptación que tenemos, incluso de regalarle al planeta un hijo que no lo va a contaminar y que va incluso a traer soluciones para eso. Entonces, esas personas que dicen: “no es necesario amamantar, la mujer pierde su libertad”, se están olvidando que para plantar la libertad de un hijo para la edad adulta, es mejor entregarle un año y medio, dos años -depende de lo que la mujer quiera hacer-  de amamantamiento porque eso es el instrumento, la herramienta más interesante para la independencia más tarde. Aceptar esa dependencia al inicio como lo programó nuestra neuro-fisiología para que después tengamos en el planeta caminando de manera firme un adulto independiente, que recibió lo que era suyo y que no va a intentar quitarle a nadie lo que no es de él. Los gobiernos nos quitan tierras, nos quitan dinero, nos quitan esperanza, nos quitan estudios, ¿por qué? Porque no fueron bien recibidos en la vida, no nacieron con plenitud. Siempre quieren más para ellos, para su bolsillo. Esa actitud, ese capitalismo salvaje que pasa en tantos países es para mí una muestra cabal de cómo es peligroso en el planeta un ser con demasiado poder intelectual y poco poder interior, que siempre quiere sacarle a los demás lo que él no recibió. Esos bebés no amamantados de mi generación hemos hecho un daño a la humanidad como muchos otros que no han sido amamantados.

Para la mujer está en el eje de la cuestión la libertad, ya que se la considera perdida cuando da la teta…

Sí, pierden, y hay que regalársela. Es verdad, una pierde la libertad de ir y venir, pero te pregunto ¿no la tenías antes a esa libertad? Dentro de un año o dos la tendrás otra vez. ¡Caramba! ¿Para qué tener un hijo? James Prescott fue a las prisiones para descubrir personas que hubieran sido amamantadas durante seis meses y lo descubrió.[3] Hay gente que quiere hacer tesis sobre eso. Hace poco tuve la oportunidad de asistir a un evento sobre la humanización del nacimiento y se habló del amamantamiento  y decía la psicóloga que un buen tema de doctorado sería ir a recorrer las prisiones para ver quién está allá. Hay que probarlo. Eso para mí no es suficiente, porque no es porque un bebé ha sido amamantado que no se va a tornar criminal. Pero si el embarazo fue aceptado, lo mismo si deseado, si hubo armonía, si hubo ese amamantamiento con entrega y cariño, ¡uy, ese niño ya sabe mucho más de amor! que el otro que no tuvo ni siquiera eso, y vivió entre las drogas. Es muy interesante la emoción que uno siente cerca de una mujer que está amamantando. Claro, hay que desarrollar un poco la sensibilidad, pero uno sabe que eso está correcto.

En este sentido el amamantamiento nos invita a deconstruír nuestra noción de libertad individual para invitarnos a ver también el acto de amor y entrega que supone…

Sí, uno le regala su libertad a un hijo. Es el contrato más absurdo que vamos a firmar en nuestras vidas. Son 24hs al día, los siete días de la semana que vamos a ser mamás, por muchos años, vamos a trabajar muchísimo, y no solamente no vamos a ganar dinero pero vamos a gastar bastante. ¿Quién quiere un contrato así? ¡Hay que estar loco! Por otro lado, vamos a decidir en otra especie, no será en plata, será en inspiración, en conciencia, en alegría. Cuando uno se dedica al otro uno puede crecer tanto… Por eso es bueno tener hijos, tal vez no tan joven cuando uno quiere ir al nightclub o al cine, vete a donde tú quieras por todos los años que necesites, después cuando te llegue el momento de ser mamá fíjate en la belleza de cada hora que pasa durante el día. Encontrarás otras alegrías y hay momentos lindísimos cuando uno está con un bebé o con un niño de dos, tres años. Es mucho más complicado estar con un niño de dos, tres años que ir a trabajar, claro, porque en el trabajo tú lo controlas todo en cambio con un niño de dos, tres años tienes que controlarte a ti misma. Pero cuanto más autodominio tengas, más fácil es educar a un bebé porque él se pone más pacífico. Verás cómo las personas que no tienen mucho dominio, gritan mucho y le ponen tanta angustia al bebé que se hace más difícil. Es un momento lindo para el crecimiento interior tener un bebé, porque te ayuda a educarlo. Pero sí es verdad, hay que decirles a esas mujeres que una va a regalar al bebé algunos añitos de independencia. Sí. Una pierde su libertad y a veces de manera total, incluso que no duerme. A veces hay noches que no duermes y te preguntas si perteneces todavía al género humano (risas), “¿dónde estoy yo?”. Y luego vienen las primeras seis horas sin interrumpir, y una piensa qué lindo que es dormirse sin despertarse a cada rato. Pero uno crece, uno crece mucho, y ese crecimiento es la universidad de la vida que te lo da por tu entrega al proceso del crecimiento de un pequeñito, un cuerpo pequeñito porque el Ser puede ser grande. Yo creo que hay que dejar que la gente diga que eso te saca la libertad a uno, porque sí es verdad, pero tú puedes regalarla, porque es algo mucho más valioso, y estás así contribuyendo a un ser libre que va a dejar a los otros en paz, un ser que no va a ser violento. Tener un hijo violento debe ser tan duro.

A partir de conquistas que han tenido las mujeres en diversos ámbitos de lo público, ahora todo lo que nos identifique con lo privado se ve como un ataque a la libertad, o como una pérdida de identidad y de independencia económica… ¿Hay una necesidad de poner a la libertad como argumento para negarse a una misma como mujer? Se hace confusa la línea entre libertad y responsabilidad con una misma…

Me encanta cómo planteas la situación. Una mujer universitaria, con su vida sexual activa, sus métodos anticonceptivos… somos tan ignorantes después para la concepción consciente. Conocemos bien la anticoncepción consciente pero no conocemos bien qué es nuestro potencial para trabajar con la vida.  Muchas veces las carreras universitarias que elegimos no nos van a traer plenitud. A veces incluso hay mucha cosa amarga en la mujer que logró ser una gran profesional pero no se encuentra en su femenino. Es interesante, creo que todo eso va a necesitar un equilibrio. Por eso hoy existen mujeres pioneras, que van a traer una generación que va entender mucho más que hay momentos para sembrar y momentos para la cosecha. Hay inviernos y hay veranos. Y lo mismo la mujer que es la más independiente del mundo, gerente de su propia empresa, puede perfectamente con toda su dignidad de mujer decir que cuando tenga hijos va a quedarse en casa. Le dirán que qué locura, que el dinero que no va a ganar… pero va a ganar en ver el crecimiento de sus hijos. Puede tener un auto en vez de dos, puede tener una casa menor. Es una cuestión de uno mismo. Eso en Estados Unidos ya fue posible. Incluso cuando regresas al mundo profesional regresas con toda tu fuerza. Uno no se pierde. Cuando uno sirve a la vida, uno sirve a la importancia de un ser que llega al planeta. Yo veo a la Vida como una Entidad. Esa Luna Roja, ¿quién la hace? ¡Es la vida! No es mía. Uno va a perder mucho a nivel de civilización occidental si para de trabajar unos años, pero va a ganar tanto cuando otra vez retome su trabajo y salario… porque si nos identificamos a nuestro salario vamos a estar perdidas. Somos más que un salario. Porque si no entonces es mejor no tener hijos. ¿Por qué tener un hijo que uno va a cuidar, que una no va a amamantar? No es necesaria más gente en el planeta, pero sí se necesita más gente generosa, que sepa pensar, sentir, amar, eso sí necesitamos… no hay necesidad de cantidad. La supervivencia de la especie ya está bien. Mira, ya tenemos mucha gente en el planeta. Pero fíjate, supongamos que yo me ocupo de inclusión social, y hago cosas que me fascinan en ese sentido, bueno justamente cuando viene el bebé tengo que incluirlo en mi vida, y no hacer una exclusión de mi bebé para ocuparme de la comunidad, sino no es ayuda verdadera. Hay que tener un cierto nivel de coherencia. ¿Qué quiero yo con mi trabajo, más poder adquisitivo? Entonces no tener un bebé. El bebé va a darme un poder de vida que no es equivalente al adquisitivo.

Hoy muchas mujeres están divididas entre criar a sus hijos y volver al mercado laboral, y esa es una situación complicada…

Esos problemas que parecen indisolubles son muchas veces los más fáciles. A veces no es ir contra algo o alguien. Yo sé que las soluciones existen, necesitamos la buena voluntad. Esta sociedad no está bien. El modelo de trabajo para hombres y mujeres no está bien. Podemos dedicarnos a traer al mundo ciudadanos que serán educados con el planeta, ser madres, o a través de nuestro activismo social –algo fabuloso para empoderar a los demás-.  Sé que hay soluciones. Yo siempre fui mi propia jefa, y estoy muy agradecida con la Vida. A través de ella me he encontrado con personas como yo, que han puesto los valores al mismo nivel que los actos. Coherencia. La Vida me ha dado flores maravillosas con las que he cultivado un hermoso jardín. Estoy inmensamente agradecida.



*Nacida en Nueva York. Con una vida en tres continentes -sólo le falta visitar Asia- conoce gran parte del mundo. A los 18 años comenzó sus estudios universitarios en La Sorbona, donde obtuvo el título de Licenciada en Psicología Experimental. Dedica su vida a divulgar la importancia de la imaginación durante el embarazo, la concepción consciente, y todas las temáticas vinculadas a la salud física y psicológica prenatal  y perinatal. Actualmente reside en Río de Janeiro, desde donde nos permitió realizar esta entrevista vía Skype.

Algunos enlaces que podés visitar para saber más sobre Laura:

Wonders Of The Womb: http://www.wondersofthewomb.com/

Laura Uplinger  “Dime cómo naces y te diré quién eres”:


Las imágenes que aparecen en este post son de contenido web.


[1]Sobre el baby blues o leve depresión postparto (ver como una ayuda informativa sobre el tema): http://www.bebesymas.com/postparto/baby-blues-o-leve-depresion-postparto  [Nota de la A.]
[2] Ver más: “La leche materna tiene luz propia”: http://saraillamas.blogspot.com.ar/2011/08/la-leche-materna-tiene-luz-propia.html . [Nota de la A.]